Pablo Jarillo-Herrero y Allan MacDonald, padres de la 'twistrónica': «Podemos cambiar las propiedades de un material con un simple giro»
«Esto es casi ciencia ficción», dice por teléfono Allan MacDonald, catedrático de la Universidad de Texas, en Austin (EE.UU.) cuando le devuelve la llamada al físico español Pablo Jarillo-Herrero , quien trabaja en el prestigioso MIT (siglas del Instituto de Tecnología de Massachusetts).
MacDonald ha tenido unos días para revisar el manuscrito del valenciano en el que demuestra que el 'ángulo mágico' del grafeno que él teorizó años antes es real.
Ese pequeño giro entre capas de grafeno hace que el material que compone la mina de un lápiz adquiera propiedades extraordinarias, hasta el punto de convertirse en un «supermaterial» con el que muchos auguran que podrían fabricarse desde potentes ordenadores cuánticos hasta trenes que levitan.
No solo eso, sino que los resultados de Jarillo-Herrero son todavía más más increíbles de lo que MacDonald había imaginado. «Está más allá de lo que podría haber soñado», remata.Para entender la importancia (y el entusiasmo) de esta conversación hay que remontarse a 2011.
Ese es el año en el que MacDonald publica en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) un estudio en el que explica matemáticamente que una capa de grafeno tan fina como un átomo sobre otra idéntica, pero girada apenas un grado, crea un patrón que permite manipular el material sin cambiar su química, dotándolo de propiedades nuevas. «Lo llamamos 'ángulo mágico' porque intentábamos encontrar una explicación sencilla de por qué de esa forma la velocidad de los electrones se vuelve muy, muy pequeña –explica MacDonald–.
Y cuando los electrones se ralentizan, interactúan entre sí con más fuerza, formando estados más interesantes».
Así, MacDonald teorizó que aquella forma de colocar esas finas capas, a ciertas temperaturas, podría tener propiedades aislantes; pero en otras condiciones, y gracias a ese minúsculo giro, podría ser todo lo contrario, un conductor (es decir, dejaría pasar la electricidad).La sorpresa del grafenoNo obstante, aquel estudio científico pasó casi sin pena ni gloria porque parecía imposible realizar aquel experimento en el laboratorio.
Hasta que siete años después lo consiguieron Jarillo-Herrero y su equipo «con técnicas muy ingeniosas», alaba MacDonald. «No sabíamos bien qué iba a ocurrir, qué 'poderes mágicos' tendría», rememora por su parte Jarillo-Herrero sentado al lado de su colega en la sede de la Fundación BBVA en Bilbao, horas antes de recoger por aquella proeza el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ciencias Básicas. «Y sí, descubrimos que tenía un comportamiento aislante, pero no el clásico.
Y después lo que supuso una sorpresa total fue que descubriéramos que era superconductor». «En este campo se ha producido una interacción preciosa entre la teoría y el experimento.
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