Antoine Lavoisier, el químico que decapitó una teoría antes de ser guillotinado
Corría el año 1772 cuando un joven Antoine Lavoisier, con veintinueve años y una saludable obsesión por pesar las cosas, cometió lo que sus colegas considerarían una herejía científica: compró un diamante y lo quemó.Sí, compró una de las piedras más caras del mundo, la metió en un horno y la calentó hasta hacerla desaparecer.
Pero no era un acto de locura, Lavoisier quería demostrar que el diamante, como el carbón, estaba hecho de carbono.
Y para ello necesitaba pesarlo: el diamante antes, el aire después y el residuo final.
El problema es que el diamante desapareció por completo y, para su frustración, no pudo encontrar el carbono que buscaba.
Había perdido una fortuna y no había ganado nada.Pero ese fracaso le enseñó algo fundamental: necesitaba un horno mejor y, sobre todo, necesitaba entender qué ocurría realmente cuando algo se quemaba.
Y es aquí donde entran en escena los flogististas.El fantasma que pesaba menos que el airePara entender la bronca científica que se produjo hay que bucear en la teoría que Lavoisier se disponía a dinamitar.
Durante todo el siglo XVIII los químicos estaban convencidos de que existía una sustancia llamada flogisto. ¿Qué era exactamente? Muy buena pregunta porque hasta el momento nadie lo había visto, ni pesado, ni aislado.
Sin embargo, permitía explicar muchas cosas.Cuando un trozo de madera ardía perdía su «flogisto» y se convertía en ceniza.
Cuando un metal se calcinaba -se oxidaba- perdía el flogisto y se transformaba en «cal».
El aire, decían los flogististas, tenía una capacidad limitada para absorber flogisto, por eso una vela se apagaba dentro de un recipiente cerrado.Todo encajaba salvo un pequeño detalle que a nadie parecía importarle: cuando un metal se calcinaba (se oxidaba), ganaba peso.
Si el flogisto era algo que se perdía, ¿cómo era posible que el residuo pesara más?Los flogististas tenían una explicación, por supuesto.
El flogisto, decían, tenía «peso negativo», por ese motivo al perderlo se volvía más pesado.
Otra versión afirmaba que el flogisto levitaba, por lo que su ausencia hacía que los objetos cayeran con más fuerza.Hoy estas teorías nos producen, como poco, hilaridad, pero durante décadas esto fue ciencia seria.El hombre que pesaba el aireLavoisier tenía una ventaja sobre sus rivales: disponía de mucho dinero.
Había heredado una fortuna y había comprado un cargo de recaudador de impuestos que le proporcionaba ingresos suficientes para montar el laboratorio mejor equipado de Europa.
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