La muerte lenta de los cheques en España: de 143 millones en 1997 a los 12 millones actuales
Ahora la inmensa mayoría de los pagos son digitales .
A través del móvil hacemos transferencias, operaciones con tarjeta, domiciliamos recibos… pero hubo un tiempo, antes de los 2000, en que buena parte de las transacciones se hacían en físico con un papel rectangular que era de por sí dinero: los cheques .
Cheques bancarios, conformados, nominativos, al portador.
Todos se usaban con asiduidad, hasta que el cambio de siglo y la modernidad han ido acabando poco a poco con este método de pago.El cheque es un documento que permite dar una orden al banco para que pague una determinada cantidad de dinero a otra persona.
Con el talonario en la mano no hacía falta dinero físico.
Su facilidad de uso lo hizo muy popular para operaciones inmobiliarias, pero también en gestiones empresariales y transacciones de particulares.Según datos del Banco de España, al comienzo de la serie histórica en 1997 el sistema nacional gestionó 735,8 millones de operaciones entre todos los métodos de pago (cheques, transferencias, recibos...), excluyendo las tarjetas que van por otros raíles.
De ellas, 142,8 millones fueron mediante algún tipo de cheque, lo que equivalía al 19,4% del total.
Su presencia estaba en el día a día de la sociedad española; de hecho, en importe movía 444.912 millones de euros, el 49,5% del total.Desde entonces su declive ha sido continuado.
No ha habido un solo año de la serie del Banco de España que los cheques hayan crecido.
Una muerte lenta y agonizante de un método de pago que se ha convertido en residual.
En 2025 se movieron 13,8 millones de cheques, el 0,42% del total de operaciones, y con los datos de 2026 todo apunta a que este año se terminará en torno a los 12 millones, por debajo de una representatividad del 0,4%.
Por importe, el ejercicio pasado alcanzaron los 138.806 millones, el 4,5% del total y este año va camino de perder un punto porcentual más de peso.A costa de este método de pago, el 'boom' (sin contar las tarjetas, que experimentan también su explosión particular) lo han vivido las transferencias de todo tipo y las domiciliaciones.
Los españoles cada vez realizan más operaciones, 3.260,8 millones el año pasado dentro del sistema nacional, lo que son alrededor de cinco veces más que en 1997, pero ya casi nadie piensa en los cheques para llevarlas a cabo.Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef Universidad, explica que «el cheque no ha muerto por decisión de nadie», en referencia a que ha sido una evolución natural por la digitalización y las facilidades de otros métodos que son inmediatos y no requieren tiempo para su cobro.
Además, añade que las nuevas generaciones ya han nacido y crecido sin saber siquiera lo que son estos papeles. «No ha desaparecido pero representa muy poco.
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