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La administración de la ruindad y el deber de la palabra

El Carabobeño ·

«Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma».

Julio Cortázar A través de las redes hemos visto, recientemente, cómo en las audiencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) se revisaron los oscuros y dolorosos sucesos del 11 de abril de 2002.

En el estrado resonaron con fuerza testimonios inolvidables: la periodista Delvalle Canelón relatando la violencia de los disparos desde Puente Llaguno; Mohamed Merhi exigiendo una justicia sistemáticamente negada por el asesinato de su hijo; y Yanfri Querales denunciando la muerte de su hermano a manos de la Guardia Nacional Bolivariana.

A partir de aquel hito, y a lo largo de casi tres décadas, esos terribles episodios no hicieron más que multiplicarse.

La maldad se fue perfeccionando y el régimen se fue atornillando en el poder.

Hoy, en medio de intensos debates sobre un eventual proceso de transición, observamos con indignación cómo este perverso sistema —de manera un tanto controlada, pero con los mismos verdugos aún activos— continúa gerenciando la administración de la ruindad.

Ante esa lacerante realidad, la pregunta vuelve a golpearnos en el pecho: ¿dónde buscar las palabras? Primo Levi, sobreviviente del horror del totalitarismo nazi, dejó registrada en el libro de entrevistas Deber de memoria una advertencia imprescindible para la historia humana: «A fin de cuentas, para ser sincero, no encontré monstruos, sino funcionarios; funcionarios que se comportaban como monstruos.

Entonces sentí que resulta bastante estúpido hablar de alemanes malos; lo diabólico era el sistema: el sistema nazi era capaz de arrastrar a todo el mundo a través de la crueldad y la injusticia, tanto a los buenos como a los malos…» Traer a la memoria esta reflexión no es un mero ejercicio teórico.

Nos enfrenta a la enorme dificultad de hallar los términos correctos: aquellos que nos permitan nombrar las cosas tal como son y no como quisiéramos que fuesen.

Ante el peso cotidiano de la injusticia, la corrupción institucionalizada y la coerción ejercida en nombre del «pueblo», nacen interrogantes punzantes: ¿De qué sirven nuestras palabras ante tanto disparate, opresión y cinismo? ¿Lograrán desenmascarar las mentiras y vejaciones del poder? ¿Tendrán alguna eficacia frente al silencio y el temor que embargan a toda una nación? ¿Ayudamos realmente a la ciudadanía a comprender —y no solo a conocer— la verdadera dimensión de lo que estamos atravesando? El deber del testimonio y la memoria Lo que sí tenemos claro, y por lo cual remontamos cualquier cuesta o corremos cualquier riesgo, es que debemos dejar anotados estos testimonios en el memorial de la más perversa ruindad.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.

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