La ley del odio
La solicitud a la AN, por parte de Delcy Rodríguez, para reformar la Ley Constitucional contra el Odio Por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia (Asamblea Nacional Constituyente, 2017), ha puesto en primer plano, la pieza clave usada por el régimen para acallar, perseguir, castigar, lo que su nombre manipula: la Convivencia pacífica y la Tolerancia, la Diversidad en definitiva, que cínicamente exhibe la ley en su prosopopéyica denominación legal.
Establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos (París,1948, Asamblea General de la ONU) en su Artículo 2, el Derecho a la no discriminación por raza, sexo, idioma, religión, política u otra condición.
Es precisamente el respeto a la diversidad, la condena a la discriminación y la persecución política, lo cual protege la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que esta ley se ha propuesto exterminar para imponer el pensamiento único, el delito de conciencia, el derecho a la disidencia universal.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Organizaciones Civiles han cuestionado la ambigüedad del concepto de Odio.
Han señalado como se usa tal acusación en cóctel con otros delitos como Asociación para delinquir, Terrorismo y Traición a la Patria, de igual ambigüedad y manipulación.
Todo esto es asimilado en términos contemporáneos a prácticas de regímenes autoritarios como el Lawfare: la instrumentalización de la justicia para la persecución y castigo a la disidencias, aplicando sanciones penales que llegan a los 20 años.
Se criminalizan las redes y los medios de comunicación.
Este régimen ha enseñado al país a conformarse siempre con aceptación de parte de "El mal”.
Toda negociación la cobijan en su mundo y cultura malévola.
Obligados, como están, a promover una transición democrática siempre llevan todo a mitad, a porcentajes, se les pide la libertad de los presos políticos, liberan la mitad y el proceso también es a medias, incluye régimen de presentación, se les pide una Ley de Amnistía y se reservan una modalidad de excepción que les permite seguir persiguiendo, castigando, reprimiendo.
La Ley del Odio no es la excepción, ya producen una reforma negociada de "Cómo seguir aplicándola" inventándose un ámbito "sin embargo”.
Le ponen la bolsa al país en la cabeza, cuando ya está a punto de asfixiarse la retiran... igual la electricidad a punto de desvanecimiento y después...
El terror es el fin, no es la confesión, ellos saben que no existe tal confesión porque "el delito” fue inventado por ellos, pero queda el dolor, el temor de lo que son capaces de hacer.
Todo para perpetuarse en el poder sin nada que se les oponga.
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