Tu cerebro tiene un truco para arruinarte las cosquillas y lo hace antes de que las sientas
Intenta hacerte cosquillas en la planta del pie, las costillas o la palma de la mano.
Puedes mover los dedos todo lo que quieras, pero difícilmente conseguirás la misma reacción que cuando otra persona lo intenta.
Y no, tus manos no son malas haciendo cosquillas : tu cerebro simplemente sabe demasiado bien lo que estás a punto de hacer.
Nacho Roura , investigador y divulgador en neurociencia, explica que una de las claves está en el cerebelo, una estructura ubicada en la parte posterior del encéfalo que participa en la coordinación del movimiento y también ayuda a anticipar las consecuencias sensoriales de nuestras propias acciones.
En otras palabras, tu cerebro no espera a que tus dedos lleguen a la piel para enterarse de lo que está pasando: empieza a preparar la respuesta antes .
Cuando decides mover una mano para tocar otra parte de tu cuerpo, el sistema nervioso también hace una predicción sobre lo que debería ocurrir.
Puede anticipar el movimiento, el momento aproximado del contacto y parte de la sensación que vendrá después.
Cuando la información real coincide con esa expectativa, el cerebro puede reducir su respuesta y ese fenómeno se conoce como atenuación sensorial y es la razón por la que hacerte cosquillas a ti mismo resulta mucho más difícil de lo que parece. {"videoId":"xayk41y","autoplay":true,"title":"Tap-to-Share para compartir fotos", "tag":"Android", "duration":"17"} Mover una mano no consiste solamente en mover los músculos Cuando decides frotar tu mano izquierda con la derecha, el cerebro no se limita a enviar una orden y esperar a que los músculos hagan su trabajo .
La corteza motora participa en la generación del movimiento, las regiones somatosensoriales procesan la información que llega desde el contacto y el cerebelo ayuda a anticipar qué consecuencias sensoriales tendrá esa acción, y todo esto ocurre prácticamente al mismo tiempo.
Por eso, decir que el cerebro simplemente ordena "mueve la mano" se queda bastante corto; también intenta calcular qué debería sentir cuando esa mano llegue a su destino, y esa predicción resulta fundamental para interpretar la información que llega desde la piel.
Si el sistema nervioso ya esperaba una sensación determinada, esa señal puede resultar mucho menos llamativa que otra que aparezca de manera inesperada.
Imagina que decides tocarte el dorso de la mano.
Antes de que exista contacto, tu cerebro ya dispone de información sobre el movimiento que está haciendo la otra mano y puede anticipar, al menos en parte, lo que está a punto de ocurrir, y cuando finalmente llega la información táctil, puede compararla con lo que esperaba y reducir la respuesta si ambas señales encajan demasiado bien.
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