El Segundo Informe de Claudia: ahora viene lo difícil
El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no tuvo sorpresa alguna.
Los mismos datos que desde hace tiempo se han venido manejando: una economía que busca sortear las dificultades incrementadas por la relación con Estados Unidos, que eso sí, ha logrado navegar las turbulencias de Donald Trump; una empresa del estado como Pemex que sigue siendo el foco de atención de inversionistas nacionales y extranjeros; y un ambiente político tenso.
Para empresarios y directivos del sector privado llegar a este punto no ha sido fácil, ya que el ambiente generado en los últimos ocho años ha generado desconfianza y si bien, hay anuncios de inversiones de largo plazo, en estos dos años de la administración de la primera mujer presidenta de México la economía no logra avanzar.
Todos reconocen que Sheinbaum ha dado señales favorables a la inversión y al empleo, pero también dicen que la confianza empresarial no funciona como un decreto presidencial y no basta con anunciar que México es un destino atractivo para invertir, pues la confianza se construye todos los días, con reglas claras, decisiones consistentes y certidumbre y ahí, está el problema.
Todos coinciden que la reforma al Poder Judicial abrió un periodo de incertidumbre, no porque hoy alguien pueda afirmar que el nuevo sistema será necesariamente bueno o malo, sino porque todavía falta tiempo para evaluar sus resultados.
Para un inversionista, esa espera también cuenta, porque cuando no sabes cómo funcionará una regla durante los próximos años, la mejor decisión es esperar y por eso hemos visto una mayor “lentitud” en poner en marcha las inversiones.
Sin dejar de lado, los trámites y procesos que en muchos casos han empeorado, ya que los funcionarios actuales no tienen conocimiento de ello, ya que los profesionales de carrera en el servicio público se fueron, luego de las bajas en los salarios.
Un directivo ejemplificaba el caso: si alguien mintió en una relación y la confianza se perdió, no basta con decir “ya cambió todo”; se tiene que demostrar todos los días y ahí está el problema: en materia económica esos días pueden convertirse en años, tal cual sucede hoy.
A esto hay que agregar, aseguran todos, el factor que México no controla, que es Estados Unidos y las decisiones que el presidente Donald Trump toma cada día.
Durante décadas, la economía mexicana ha tenido un enorme respaldo en el crecimiento estadounidense.
Cuando Estados Unidos crece con fuerza, México recibe parte de ese impulso.
Pero la dependencia funciona también al revés: si la economía estadounidense se frena de manera importante, México lo resentirá rápidamente y eso es hoy uno de los principales riesgos para el resto del sexenio.
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