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Salud

Científicos logran injertar tejido humano en ratones sin corteza cerebral lo que ayudará al estudio de trastornos neurológicos

20 Minutos Salud ·
Científicos logran injertar tejido humano en ratones sin corteza cerebral lo que ayudará al estudio de trastornos neurológicos

Un equipo de científicos ha desarrollado un modelo que permite estudiar el desarrollo del cerebro humano de una forma que hasta ahora resultaba impensable.

Esta nueva forma ha consistido en trasplantar tejido cerebral humano cultivado en laboratorio al cerebro de ratones modificados genéticamente.

El estudio se ha publicado este miércoles en la revista Nature y cuenta con participación española.

Los investigadores, encabezados por la Universidad de Stanford (EEUU), crearon unos ratones a los que se les había impedido desarrollar casi toda la corteza cerebral y el hipocampo.

Estas estructuras estaban ausentes en un 98% de su extensión, pero, pese a ello, los animales eran "sorprendentemente funcionales" y no podían diferenciarse a simple vista de otros ratones de su misma edad.

Los científicos utilizaron estos ratones recién nacidos como receptores de organoides corticales humanos, pequeños fragmentos de tejido cerebral que se cultivan en el laboratorio y que pueden organizarse formando distintos tipos de células cerebrales.

Una vez trasplantado, el tejido humano sobrevivió, creció y ocupó gran parte del espacio disponible.

Además, desarrolló una amplia variedad de células cerebrales humanas, que se organizaron en circuitos neuronales y formaron estructuras similares a las de la corteza cerebral.

Los investigadores comprobaron también que estas células establecieron conexiones funcionales tanto con el cerebro del ratón como con su médula espinal, reproduciendo algunas de las características del desarrollo del cerebro humano.

Ikerbasque Garikoitz Lerma-Usabiaga, del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL) de San Sebastián, participó en el trabajo analizando la microestructura del cerebro mediante resonancia magnética de difusión.

Según explicó a la agencia Efe, esta técnica permitió observar una orientación preferente del tejido en la zona del injerto hacia el cerebro del ratón, un resultado que sugiere que existe conectividad entre ambos.

El modelo también permitió observar qué ocurre con el tejido humano ante determinadas condiciones.

Cuando los investigadores sometieron a los animales a situaciones de hipoxia —falta de oxígeno—, el tejido cortical humano sufrió daños considerables, mientras que esta situación no afectó de la misma manera a los ratones normales ni a los que carecían de corteza.

De esta forma, los ratones que recibieron los organoides humanos parecían tener dificultades para mantener una marcha estable y conservar el equilibrio, lo que recuerda a lo que se observa en niños con parálisis cerebral.

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