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Economía

Europa frente al desafío chino: el coche es solo el principio

Expansión ·
Europa frente al desafío chino: el coche es solo el principio

China ya no compite principalmente por costes, compite por productividad, por tamaño de su mercado, por tecnología y por capacidad para innovar. Mientras Europa debatía durante años sobre marcos regulatorios, el gigante asiático ejecutaba una estrategia industrial a largo plazo.

Cada vez que un fabricante chino desembarca en Europa con un automóvil eléctrico más barato, más avanzado y, en muchos casos, mejor equipado que sus rivales europeos, vuelve a surgir la misma pregunta: ¿qué estamos haciendo mal? La explicación fácil consiste en atribuir el éxito chino a sus bajos salarios, las subvenciones públicas o la competencia desleal. Todo ello influye, pero ninguna de esas razones basta para explicar por qué el liderazgo tecnológico se desplaza hacia Asia. La verdadera razón es que China ha cambiado mucho más deprisa que Europa.

Durante décadas identificamos a China con una inmensa fábrica de productos baratos. Esa imagen ya no es real. Los salarios industriales chinos llevan años aumentando y, en numerosas regiones, superan ampliamente los de otros países asiáticos. Si el único secreto fuera pagar poco a los trabajadores, la producción se habría trasladado masivamente a Vietnam, Indonesia o Bangladesh. Sin embargo, sigue concentrándose en China. La razón es sencilla: China ya no compite principalmente por costes. Compite por productividad, por tamaño de su mercado, por tecnología y por capacidad para innovar.

Mientras Europa debatía durante años sobre marcos regulatorios, China ejecutaba una estrategia industrial a largo plazo. No pensaba únicamente en fabricar coches. Se proponía dominar toda la cadena de valor : el refinado de minerales críticos, las baterías, la electrónica de potencia, el software, la inteligencia artificial aplicada a la movilidad y las infraestructuras de recarga de baterías. Entendieron antes que nadie que el vehículo eléctrico no era simplemente un automóvil con otro motor. Era un ordenador sobre ruedas.

La batería representa aproximadamente un tercio del valor del vehículo. El resto depende cada vez más del software , de los sensores, de los sistemas de gestión energética y de la inteligencia artificial. El automóvil ha dejado de ser exclusivamente un producto mecánico. Es ya un producto tecnológico.

Mientras China llegaba antes a esa conclusión, Europa, en cambio, creyó durante demasiado tiempo que le bastaría con adaptar el extraordinario conocimiento acumulado durante un siglo en motores de combustión . No era suficiente. La revolución no consistía en sustituir un motor por otro; consistía en cambiar completamente la naturaleza del producto.

Sería injusto afirmar que Europa ha dejado de innovar. Basta mencionar Airbus o ASML para demostrar lo contrario. La primera disputa el liderazgo mundial de la aviación comercial a Boeing. La segunda fabrica las máquinas más sofisticadas del planeta para producir semiconductores avanzados. También siguen siendo referentes empresas europeas como Siemens, SAP o Schneider Electric.

El problema no es la ausencia de excelencia. El problema es que nos falta una masa crítica de empresas .

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