Por qué el descanso vacacional puede generar mayor malestar que el propio trabajo
Por paradójico que resulte, descansar no siempre es sinónimo de bienestar.
Hay personas que viven el verano como un periodo nada idílico.
Prefieren seguir trabajando por percibir que el entorno laboral les aporta estructura, objetivos, sensación de utilidad, reconocimiento y una manera de mantener la atención ocupada.
Cuando llegan las vacaciones y desaparecen estas referencias externas, les afloran emociones que durante el año quedan en segundo plano : el aburrimiento, el vacío, las preocupaciones personales o incluso la sensación de no saber qué hacer cuando no hay nada que hacer.
En definitiva, cambiar de un ritmo muy exigente a la ausencia total de actividad puede resultarles incómodo.
Y es que el cerebro «no tiene un interruptor que pase inmediatamente de 'modo productividad' a 'modo descanso', -asegura Cristina Polo , psicóloga y responsable asistencial de yees! -.
La buena noticia es que la 'capacidad de descansar' se puede entrenar !».De la misma opinión es Elena Gallardo, neurocientífica y profesora del Máster de Neuropsicología y Educación de UNIR , al asegurar que la acumulación de tareas, la exposición constante a estímulos y el exceso de datos someten al cerebro a un flujo continuo de información. «Esta sobrecarga se traduce en un mayor agotamiento mental , ya que el constante ruido por ese exceso de tareas e información satura la actividad cerebral y genera respuestas, en ocasiones, menos adaptadas o adecuadas».Esta situación ayuda a explicar una de las dificultades más frecuentes cuando llegan las vacaciones: la imposibilidad de desconectar del trabajo.
La especialista de la UNIR recuerda que el cerebro funciona, en buena medida, a partir de hábitos y patrones repetidos, y «al darle exceso de actividad , ruido mental y exposición prolongada a demandas elevadas, el cerebro lo sigue demandando, lo convierte en una especie de hoja de ruta».Según la psicóloga de yees! no existe un perfil único de individuos para los que las vacaciones pueden convertirse en una fuente de malestar, pero sí hay determinados rasgos comunes que aparecen con frecuencia.
Se trata fundamentalmente de personas muy autoexigentes, perfeccionistas , con una fuerte necesidad de control o que han aprendido a asociar su valor personal con su productividad.
También puede suceder en quienes tienen dificultades para tolerar la incertidumbre o necesitan mantenerse constantemente ocupadas para evitar conectar con determinadas emociones internas».En estos casos, pueden aparecer pensamientos como «debería estar haciendo algo» , «hay gente trabajando mientras yo descanso», «cuando vuelva tendré muchísima tarea acumulada»...
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