Cómo cuatro pymes argentinas convierten residuos, tradición y diseño en oportunidades de negocio
Hay negocios que nacen en una planilla de cálculo y otros que arrancan con un problema pequeño, una pieza descartada o un error al completar un formulario.
Los segundos obligan a mirar con otros ojos lo que ya está a mano y a encontrarle un valor que nadie había visto.
Un balde olvidado en un patio , las velas vencidas de los parapentes , una semilla de lino al borde del olvido y un oficio que requiere años de dominio son el punto de partida de cuatro proyectos argentinos que hoy se animan a pensar en grande.
Cada uno tiene su propia lógica, su cuello de botella y sus lecciones para quien esté a punto de dar el salto.
Los cuatro recibieron este año un capital semilla de USD 5.000 al cierre de DAE Creative Bootcamp , el programa para industrias creativas de la Fundación Bunge y Born y el British Council.
Tres fueron financiados por la Fundación Bunge y Born y Baumm, por la Fundación Banco Ciudad.
Pero el dinero es apenas el disparador.
El desafío de trabajar con materiales descartados Baumm , de la Ciudad de Buenos Aires , es una empresa dedicada a la producción de mochilas, bolsos y abrigos a partir de descartes de telas de deportes de acción.
La firma surgió a partir de un experimento con materiales.
La idea inicial era probar telas y armar una marca que sirviera para mostrarse en el exterior.
Pero el primer material que eligieron no servía para el producto final y tuvieron que dejarlo de lado.
La marca, en cambio, ya existía y siguió en pie.
La solución apareció cuando un amigo de los emprendedores salió a volar en parapente.
Las velas de parapente se usan durante una cantidad limitada de horas y después se tiran por seguridad.
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