Me lo contó Teodoro, por Freddy Núñez
Para explicar por qué encontré a Teodoro en aquel lugar, debo hacer una breve introducción.
En 1981 u 82, se fundó en el MAS el Centro Nacional de Capacitación y Estudios Municipales (Cenacem), organismo que tuvo como inspirador a ese infatigable trabajador político, Carlos Rodríguez.
Lo integrábamos viejos y nuevos luchadores políticos como Argelia Laya, Héctor Marcano Coello, Emilio Nouel, entre otros, y la intención era dotar a los concejales del partido de un instrumental teórico, formativo, a través de un programa multidisciplinario sobre las diversas áreas de competencia municipal.
El organismo decidió, por gestiones de Argelia con el representante oficioso en Caracas del régimen de Cuba, que yo viajara a reunirme con el entonces presidente del Poder Provincial de La Habana, un mítico héroe de la revolución, Oscar Fernández Mel, quien directamente coordinaría mi visita para conocer in situ la experiencia cubana en esa instancia del poder popular.
Por esa razón llegué hasta la sala de espera de Aeropostal en el aeropuerto de Maiquetía ya que era la vía más expedita –sino la única entonces– para viajar a Cuba.
Y fue allí donde para mi sorpresa, encontré sentado, hundido en un libro, a Teodoro Petkoff.
Me pregunté en silencio, coño, ¿Qué va a hacer Teodoro a Cuba? Pocos meses antes se había celebrado en la isla, un Congreso Mundial de Mujeres, y había asistido un grupo de venezolanas, entre las que se encontraban, la recordada Josefina Jordán y la hermosa e inteligente Mariuska Rivas, a la sazón, esposa de Teodoro.
Al parecer, en un intento por sacudirle las entendederas a Fidel, Teodoro le pidió hacerle llegar su último libro, Proceso a la Izquierda.
En la recepción de bienvenida quedó Mariuska en un grupo que tenía detrás a Fidel Castro, cuando alguien la presenta como la esposa de Teodoro Petkoff, este se voltea y con muy poca gracia dice: «De los Petkoff el único que sirve es Luben».
Al acercarse al grupo Mariuska le dice, «por cierto, Teodoro me pidió hacerle llegar su último libro, pero me fue decomisado en inmigración como si se tratara de un explosivo».
Fidel de inmediato dio instrucciones para que se lo entregaran.
Al día siguiente Mariuska recibió la visita de Fidel en el hotel donde se alojaba con un mensaje muy preciso: «Por favor dile a Teodoro que ya me leí el libro y lo invito a que venga para conversar sobre el».
Esa era pues la razón.
Yo diría que unos diez días después de eso, un sábado, coincidí con Teodoro en lo que era un espacio gratísimo en la Caracas de entonces, El Ateneo, concretamente en su librería.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en talcualdigital.com — el contenido pertenece a TalCual.