Fran Ibáñez, agricultor: “Antes era una agricultura de química y duro; un pañuelo hasta la nariz como mucho”
La agricultura almeriense ha pasado de un uso intensivo de químicos y escasa protección a estrategias más seguras y sostenibles.
Fran Ibáñez recuerda cómo antes apenas se usaban equipos de protección y predominaban los tratamientos fitosanitarios convencionales.
El manejo integrado de plagas y el control biológico se han convertido en elementos clave en los invernaderos almerienses desde los años 2000.
Hoy se combinan herramientas biológicas, agronómicas y fitosanitarios solo cuando es necesario, priorizando la salud y el medio ambiente.
La imagen que Fran Ibáñez conserva de la agricultura almeriense de hace varias décadas es muy diferente a la que se encuentra hoy en numerosos invernaderos . Había menos control biológico, se recurría con mayor intensidad a tratamientos fitosanitarios y la protección personal podía ser prácticamente inexistente.
Ibáñez, agricultor de La Mojonera (Almería) y responsable de Green Cooper, recuerda aquella etapa durante una entrevista con el divulgador Toni El Biòleg. Creció entre invernaderos antes de formarse como economista y terminar regresando profesionalmente al campo.
“Antes era una agricultura de química y duro”, explica al hablar de cómo se trabajaba durante los años noventa. Fungicidas, insecticidas y diferentes tratamientos formaban parte de una agricultura en la que, según recuerda, la percepción del riesgo tampoco era la actual.
La protección utilizada por algunos trabajadores resulta especialmente llamativa vista desde hoy. “Un pañuelo hasta la nariz como mucho”, resume Ibáñez al recordar cómo podían aplicarse aquellos productos , en ocasiones entre olores intensos y sin los equipos que actualmente se consideran necesarios para determinados tratamientos.
Su relato coincide, además, con problemas que fueron documentados oficialmente años después. Un informe de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo advertía en 2005 de una utilización escasa de equipos de protección individual entre agricultores y señalaba que, cuando se empleaban, en algunos casos ni siquiera eran adecuados.
El documento también detectaba falta de información sobre los riesgos de los productos fitosanitarios, deficiencias en su almacenamiento y mezclas indiscriminadas. En los invernaderos, además, advertía de que la temperatura y la humedad podían incrementar algunos de los riesgos asociados a su utilización.
La situación normativa y las recomendaciones preventivas son hoy muy distintas. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recuerda que la etiqueta de cada producto determina las condiciones bajo las que puede utilizarse con seguridad, incluida la dosis, el número de aplicaciones y los equipos de protección necesarios.
Prescindir de esos equipos cuando son obligatorios no es una cuestión menor. El propio INSST advierte de que modificar las condiciones establecidas durante la autorización de un fitosanitario puede aumentar la exposición del trabajador y, por tanto, incrementar el riesgo para su salud.
El cambio experimentado en Almería, sin embargo, no se limita a utilizar mascarillas, guantes o mejores equipos.
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