Elecciones libres y democráticas
Es bastante triste que los venezolanos tengamos que esperar a que, desde el exterior, se nos diga cuándo deben realizarse elecciones libres y democráticas.
Esta realidad retrata la profunda crisis institucional que atraviesa el país y plantea una pregunta inevitable: ¿dónde está la sociedad civil organizada y por qué no ha asumido un protagonismo más visible en la exigencia de una transición democrática? Ha llegado la hora de que universidades, iglesias, gremios profesionales, empresarios, sindicatos y ciudadanos en general unan voluntades para reactivar la esperanza de una población que lleva demasiados años esperando un cambio de gobierno y el fin de la oscuridad que dejaron los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
La exigencia debe ser inmediata.
No podemos seguir esperando que otros decidan nuestro destino mientras los venezolanos permanecemos como espectadores de nuestra propia tragedia.
La movilización pacífica de la sociedad civil debe convertirse en una expresión inequívoca de que el país no está dormido, de que existe una ciudadanía dispuesta a reclamar sus derechos y de que la democracia no puede depender de la voluntad de quienes ejercen circunstancialmente el poder.
La calle, entendida como espacio legítimo de participación ciudadana, debe recuperar su protagonismo.
No se trata de sustituir la política por la protesta, sino de recordarles a los actores políticos que ninguna negociación puede ignorar las aspiraciones de la gente.
Una cosa es el respaldo internacional que pueda recibir Venezuela en su proceso de recuperación democrática y otra muy distinta es que potencias extranjeras pretendan decidir las fechas electorales, designar gobernantes o condicionar el futuro de un país soberano.
Que Nicolás Maduro haya sido sacado del poder no significa que los venezolanos debamos aceptar nuevas formas de subordinación política, ni que la promesa de prosperidad económica pueda utilizarse como argumento para desplazar nuestra voluntad soberana.
La recuperación material del país es necesaria, pero no puede convertirse en sustituto de la libertad política.
La soberanía no consiste únicamente en rechazar las imposiciones externas.
También significa garantizar que los ciudadanos puedan elegir libremente a sus gobernantes, sin amenazas, proscripciones ni manipulaciones institucionales.
La democracia no puede ser una concesión de los poderosos, dentro o fuera del país: es un derecho que corresponde ejercer a los venezolanos.
Por eso, la exigencia de elecciones debe estar acompañada de cambios profundos en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y en el resto de los poderes públicos.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.