La Mancomunidad Metropolitana de Valencia: una deuda institucional
Valencia dejó de ser una ciudad que termina donde indican los límites administrativos de su alcaldía.
Cualquiera que se mueva a diario entre Naguanagua y el centro, San Diego y la Avenida Bolívar, o Los Guayos y Libertador, sabe que vive en una sola ciudad, con un solo mercado laboral y un solo sistema de vialidad colapsado.
Esta realidad fue reconocida hace décadas, cuando de publicó en Gaceta Oficial el Plan de Ordenamiento Urbanístico del Área Metropolitana Valencia Guacara en 1992.
Sin embargo, esa realidad metropolitana se sigue gobernando con cinco administraciones que carecen de coordinación interinstitucional.
Ese desfase entre la ciudad real y la ciudad administrativa es una de las raíces del problema de gestión urbana que pagamos hoy.
Ningún ejemplo ilustra mejor esta necesidad que el propio río Cabriales.
Sus nacientes están en el norte de Naguanagua, desde ahí baja y atraviesa Valencia.
Es, literalmente, un solo cuerpo de agua que nace en un municipio y se convierte en columna vertebral hidrográfica de otro.
A eso se suma que las aguas servidas de Los Guayos terminan integradas al mismo sistema hídrico que recibe y transporta las aguas del Cabriales hasta el lago de Valencia.
Es decir: lo que se origina en las montañas de Naguanagua, Valencia lo recibe en su centro urbano, y lo que Los Guayos vierte sin tratar termina, de una u otra forma, en esa misma cuenca hidrográfica.
Un proyecto de saneamiento del río Cabriales que no cuente con la coordinación de estas 3 entidades municipales, está destinado a fracasar, pues nada haría Valencia invirtiendo recursos públicos en sanear el río, si Naguanagua no protege las nacientes, o si Los Guayos sigue vertiendo aguas negras.
Ningún alcalde, por más voluntad que tenga, puede sanear un río que nace fuera de su jurisdicción, atraviesa su municipio y recibe vertidos de un tercer municipio río abajo.
También existen comunidades como Agua Dulce, asentada justo en el límite entre Los Guayos y Valencia, prueba física de que la frontera municipal no existe para los ciudadanos; es simplemente una ficción administrativa que diluye la responsabilidad de los alcaldes en surtir de servicios a comunidades partidas a la mitad por esas fronteras administrativas.
Cuando se presenta un problema de servicios que recae bajo competencias municipales, las alcaldías colindantes se señalan una a la otra, y los habitantes de la comunidad de Agua Dulce quedan sin respuesta sobre que autoridad recuperará el servicio.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.