Teatro al rescate de la curiosidad
Antes de que internet ocupara cada momento, la imaginación era el mejor entretenimiento.
Esa nostalgia por una infancia de juegos y aventuras fue la que inspiró Sirena y punto, puesta en escena que reivindica la amistad y la importancia de cuidar al niño interior.
“Hay algo en nuestras generaciones (80, 90 y 2000) que extrañamos crecer en un mundo que no estaba tan sobrestimulado, que nos permitió desarrollarnos de un modo más humano, porque unía a los amigos cosas como salir andar en bici o contar historias con los juguetes”, dice el actor Marcos Radosh Él y Luz Aldán cuentan la historia de Andrés y Juana, un par de amigos que se vuelven a ver después de años y, entre recuerdos, música y un pequeño teatro de cartón, reconstruyen la historia del niño que soñaba con ser una sirena y de la amiga que nunca dejó de creer en él.
“Muestra cómo los niños no tienen prejuicios, pero sí mucha curiosidad porque están descubriendo la vida, no tienen esas cargas que los adultos ponemos.
Habla sobre lo importante que es mantenerse fiel a lo que creemos y tener a alguien que nos apoye”, dijo Radosh sobre este montaje, que se estrenó ayer en la Sala A de La Teatrería.
La historia basada en un cuento infantil de los dramaturgos Sergio Andricaín y Diego Josué Gontorr, fue adaptada por el director Reynolds Robledo, quien siempre tuvo en mente a Luz y Marcos como los protagonistas.
“Resultó una obra muy tierna, muy genuina, cuando la leímos por primera vez nos agarró de sorpresa, por un momento no podíamos dejar de llorar, pero también es muy divertida”, comenta Marcos Radosh.
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