Desembarque en El Puerto de Barcelona
A Carla Saucedo Seguimos nuestro tránsito entre el bullicio subido de los puestos y el navegar zigzagueante y suicida de las motocicletas sin sombra.
Estamos bajo la égida del orden del caos.
A esta altura la alborotada calle Bolivia cambia de nombre a José Joaquín de Herrera, ese heroico xalapito que fuera tres veces presidente de la República.
En la esquina doblamos a la izquierda, en Manuel Doblado, general y ministro de Benito Juárez, y continuamos hasta su cruce con República de Costa Rica, que antes se llamó Los Parados.
La tomamos con dirección al oriente.
En este tramo el giro es de zapatos y tenis escolares.
Finalmente, unos pasos más adelante, llegamos al 146 de Costa Rica, esquina con Vidal Alcocer (también conocido como Eje 1 Norte, Circunvalación), donde se alza la cantina El Puerto de Barcelona .
Antes de entrar, le señalo a mi amigo un coqueto reloj público enclavado en la fachada de esta casona decimonónica , que en sus bajos alberga a nuestra tomaduría.
El Puerto tiene entrada por Costa Rica y por el Eje 1 Norte.
Traspasamos sus tumultuosas puertas batientes, pintadas de rojo metálico.
Un aire rancio y tibio nos sacude el rostro.
Para nuestra fortuna, la barra está libre.
Apañamos dos lugares.
Roberto es el capitán-cantinero de este embarcadero, quien tras los consabidos saludos de bienvenida nos pregunta que qué queremos beber.
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