El testamento: una decisión que hereda paz
Hablar de testamentos podría parecer, a primera vista, hablar del final de la vida.
En realidad, es exactamente lo contrario: hacer testamento es pensar en el futuro de quienes queremos.
El pasado 28 de agosto, en la Secretaría de Gobernación, arrancamos junto con la secretaria Rosa Icela Rodríguez Velázquez la Jornada Nacional “Septiembre, Mes del Testamento”, una iniciativa que cumple ya 24 ediciones y que representa uno de los ejercicios de colaboración más importantes entre el Estado mexicano y el Notariado Mexicano.
El objetivo puede expresarse de manera sencilla: que cada vez más mexicanas y mexicanos tengan la oportunidad de decidir libremente sobre su patrimonio y que esa decisión se traduzca en certeza para sus familias.
Durante el encuentro, la secretaria Rosa Icela Rodríguez expresó una idea que vale la pena llevar más allá de ese acto institucional: “La construcción de paz empieza desde la familia”.
Y agregó que esa construcción de paz también comienza cuando se firma un testamento, porque permite poner un alto a conflictos familiares. (gob.mx) La afirmación tiene una enorme profundidad.
Durante muchos años hemos hablado del testamento, principalmente desde su dimensión jurídica.
Y, por supuesto, la tiene: es el instrumento mediante el cual una persona expresa su voluntad respecto del destino que tendrán sus bienes y derechos después de su fallecimiento.
Pero el testamento tiene también una dimensión social y humana que debemos reivindicar.
Donde existe previsión, existe certeza.
Y donde existe certeza, disminuyen las posibilidades de conflicto.
Prevenir también es construir paz.
Quienes ejercemos la función notarial conocemos las consecuencias que puede generar la ausencia de una decisión tomada oportunamente.
Patrimonios construidos durante décadas pueden convertirse en motivo de diferencias familiares.
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