Los momentos críticos exigen templanza en la organización
Descompone a algunos.
Altera a los más.
Y a casi todos, nos mueve en cierto grado la zona de seguridad.
Esperar el desenlace de algo crítico es un desafío para la armonía emocional.
El tiempo adquiere una dimensión lenta, en tanto que la mente se acelera. ¿Y si no se resuelve? ¿Y si el asunto se complica? Interrogantes que fluyen agravando la incertidumbre individual y colectiva.
Un asunto crítico lo es porque su desenlace tiene repercusiones relevantes para nuestro interés presente o futuro.
No es un evento neutro, pero tampoco es un hecho inamovible que sólo exija asimilación.
Tiene una complejidad asociada y pocas veces admite distracción. ¿Cómo nutrir la templanza en esos micro momentos en que se gestiona un asunto crítico para tu persona u organización? Aquí tres puntos para la reflexión: 1) La mirada define la perspectiva.- Desde dónde observas, importa.
Desde qué posición, postura o amplitud de visión ponderemos los desenlaces posibles es definitorio para el grado de serenidad.
Sin evadir o minimizar negativos, evaluar la trascendencia del asunto en su dilución o desgaste potencial en el tiempo puede ser una cosa.
Hacerlo desde su ola expansiva o posible contención de impacto es otra.
Y es que lo grave de hoy tiende a ser el olvido del mañana.
2) Una cosa es el efecto posible y otra es la interpretación.- Lo crítico, lo suele ser, por sus consecuencias esperadas.
El conflicto, y su vínculo con un mosaico extenso de emociones posibles, se decreta.
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