El Algarrobico es el mayor monstruo de la ambición turística desmedida: 411 habitaciones y cero huéspedes
Veinte plantas.
411 habitaciones, incluyendo un puñado de suites con ventanales.
Cero huéspedes en dos décadas, salvo ratas.
El hotel El Algarrobico lleva desde 2006 clavado en la arena de una de las playas más vírgenes del Mediterráneo, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, sin abrir jamás sus puertas.
Es el edificio más feo de España.
También el más resistente, visto lo visto.
Desde la carretera parece un trasatlántico encallado en mitad de un cabo casi desnudo.
Una mole blanca picoteada de acné y clavada sobre una Reserva de la Biosfera, espacio Ramsar y Red Natura 2000 , rodeada de praderas de posidonia que figuran entre las mejor conservadas del Mediterráneo.
En un pueblo de 8.458 habitantes como Carboneras, todo el mundo guarda recuerdos del día en que este demiurgo empezó a levantarse: unos hablan de trabajo, otros de vergüenza, otros de oportunidad perdida.
Pelotazo con plano falso La historia arranca en 2003.
El Ayuntamiento de Carboneras, gobernado entonces por el PSOE, concede una licencia de obras a la promotora Azata del Sol para levantar un complejo hotelero justo sobre la playa del Algarrobico.
El terreno era, técnicamente, suelo protegido: el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Cabo de Gata lo clasificaba como no urbanizable, y cualquier cambio exigía una modificación formal aprobada por el Consejo de Gobierno andaluz y publicada en el BOJA .
Alguien decidió saltarse la ruta larga y sustituyó el procedimiento legal por una reclasificación de facto.
La Fiscalía señalaría después que esa maniobra era nula de pleno derecho, porque nunca hubo acuerdo del Ejecutivo andaluz ni publicación oficial.
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