La ciencia reconstruye el primer paisaje sonoro del Jurásico y encuentra la prueba más antigua de comunicación por ultrasonidos.
Si cerramos los ojos y pensamos en un bosque del Jurásico, la cultura popular nos invita a imaginar rugidos atronadores y pisadas gigantescas de los dinosaurios.
Sin embargo, un nuevo estudio acaba de reconstruir el paisaje sonoro de aquella época y el resultado es muy distinto, puesto que solo se 'escucharía' una sinfonía de tonos puros y comunicación por ultrasonidos protagonizada por insectos.
Reconstruir el sonido extinguido hace 165 millones de años parece algo mágico, pero es un tema puramente biomecánico y tecnológico .
Aquí lo han explicado un grupo de paleontólogos y bioacústicos que han publicado un artículo con el análisis acústico más detallado hasta la fecha de un ecosistema del Jurásico Medio.
Y para lograrlo, no han mirado a los grandes saurópodos, sino a los ancestros de los grillos y los saltamontes.
En Xataka El asteroide aniquiló a los dinosaurios, los hongos remataron el trabajo: la teoría que explica el triunfo de los mamíferos La tecnología.
Este trabajo se basó en el minucioso estudio de 20 alas fosilizadas pertenecientes a nueve especies diferentes de ensíferos, halladas en la región de Mongolia Interior.
Y esto es muy interesante porque las alas de estos insectos funcionan como auténticos instrumentos musicales fosilizados, puesto que la estridulación, el proceso físico por el que frotan sus alas para emitir sonido, deja firmas morfológicas muy precisas en la estructura de sus nervaduras.
Para descifrar estas partituras jurásicas, el equipo no se limitó a medir el tamaño de los fósiles, sino que utilizaron un enfoque multidisciplinar de vanguardia que incluyó vibrometría láser en especies vivas actuales para entender los patrones de resonancia, modelos biomecánicos para replicar el movimiento de los insectos extintos y sistemas de machine learning para estimar las tasas de llamada y los ritmos de cada especie.
Primer ultrasonido.
La gran revelación científica del artículo se esconde en las alas de la Sigmaboilus peregrinus, puesto que los modelos acústicos han demostrado que esta especie extinta se comunicaba utilizando ultrasonidos, emitiendo frecuencias superiores a los 20 kHz.
Este detalle es un punto de inflexión, ya que hasta ahora, al hablar de la evolución de las altas frecuencias en la naturaleza, los grandes protagonistas eran los murciélagos y su red de ecolocalización.
Pero estas nuevas pruebas demuestran que la comunicación ultrasónica animal ya operaba a pleno rendimiento hace unos 165 millones de años.
Había más.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.xataka.com — el contenido pertenece a Xataka.