Ferrari
Soy más grande donde me hago estrecha.
Me refugio en las canas de mi geografía y escondo en laberintos autopistas de utopía.
Miarma no es alma mía, sino el ánimo de todos.
Mi arma no dispara, es pólvora dorada guardada en cofres abiertos.
Tengo tanto en lo pequeño que escondo enormidades en lo diminuto.
Tengo, por ejemplo, siglos almacenados en el presente, que hacen de mis hoy simulacros de un ayer en peligro de extinción, que convierten a mi soy en retazos de algún ser al que se le desdobla el corazón.
Tengo debajo de mí rescoldos de civilización, velorios de la Historia descansando en el subsuelo, manías de la memoria sosteniendo la tierra como quien agarra el cielo.
Tengo un empedrado lleno de venas antiguas, bollos de cemento armado que hacen temblar a las ruedas y que convierten las pisadas en pasos sobre una Biblia.
Tengo paredes de desidia, calichas con personalidad, que lejos del decorado soportan con su pintura la sombra de la verdad.
Tengo apurada a la humildad y domesticada a la envidia, y a las dos, en un destartalado portal, debatiéndose entre besos y caricias.
Tengo el país de Alicia hecho realidad, porque la maravilla se censó cuando no le habían salido los dientes a mi vanidad.Tengo ventanas con barrotes y geometrías de hierro, donde se pavonean las flores y se cuela el invierno.
Todavía tengo vecinas que se asoman y tardes en las que se bajan a clavar el bastón en el sitio exacto, el punto donde se activa el equilibrio y cae la mesura por su propio peso.
Tengo una colección de reflejos en cada esquina, y un sol puntual que llega a mi como si fuese su oficina.
Tengo azulejos en la fachada subrayando mi personalidad, calles con letras en blanco y negro, azoteas donde la ropa le trinca el aliento a las nubes.
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