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Política

La última carta que Tamariz no explicó

El Plural ·
La última carta que Tamariz no explicó

Antes de convertirse en el mago más citado de la historia reciente de este país, Juan Tamariz estudió Ciencias Físicas . Duró poco en ese mundo de certezas medibles, pero el dato explica casi todo lo que vino después. Lo raro de Tamariz nunca fue que engañara a la gente, eso lo hace bien cualquier mago decente. Lo raro es que se pasara sesenta años explicando, con la precisión de un científico, exactamente cómo lo hacía. Y que aun sabiéndolo, uno siguiera cayendo.

Ese es el verdadero truco que merece un obituario. Escribió un tratado, Los cinco puntos en magia , sobre cómo los ojos, la voz, las manos, los pies y el cuerpo entero se coordinan para fabricar una mentira perfecta . Después de leerlo, seguías sin poder pillarle una carta en las manos. La mayoría de los oficios pierden magia cuando se explican. El suyo ganaba.

Nació en Madrid en 1942, con raíces familiares en Écija , y decidió pronto que la física de lo posible le interesaba menos que la física de lo imposible. Pasó por la Escuela Oficial de Cine y terminó donde tenía que terminar, delante de una baraja. La televisión hizo el resto. En los setenta se metió en la casa de todo el país como Don Estrecho en "Un, dos, tres... responda otra vez" , y ahí empezó una fama que poco tenía que ver con la sofisticación teórica que construía en paralelo, lejos de las cámaras. Con la chistera, el pelo largo y el grito que se le quedó pegado para siempre, ese "chan-ta-ta-chán" que cualquier español de más de cuarenta años imita sin pensarlo, se inventó un personaje que parecía puro espectáculo. Era, en realidad, la fachada simpática de una de las mentes más analíticas del ilusionismo mundial.

Mientras la televisión lo convertía en el tío gracioso de la chistera, Tamariz construía, junto a Arturo de Ascanio, una escuela de pensamiento, la Escuela Mágica de Madrid , que trataba la magia casi como neurociencia, estudiando qué mira exactamente un espectador cuando cree que mira otra cosa. En 1973 ganó el primer premio del Congreso Mundial de Magia. Inventó la técnica de la "pista falsa" y popularizó la ordenación de baraja conocida como "Mnemónica" , un sistema que hoy estudian cartómagos de medio planeta.

Ahí está la paradoja que sostiene toda su obra. Tamariz nunca escondió sus secretos por esconderlos; los publicó y los diseccionó en libros como La vía mágica o Sonata con el entusiasmo de un profesor explicando una ecuación bonita. Y aun así seguía siendo, en directo, imposible de descifrar. Había entendido que el secreto de un truco no está en la información que ocultas, sino en la atención que consigues robar . Y eso no se blinda con un manual.

En 2011 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes ; en 1993 lo nombraron Mago del Año en Estados Unidos . Pero los premios, en su caso, siempre parecieron formalidad; la verdadera medalla se la dieron generaciones enteras de niños españoles que crecieron pensando que un hombre con chistera podía sacar algo de la nada.

Su hija Ana anunció la noticia con un mensaje breve, agradeciendo el amor que su padre le dio y el que, en sus palabras, regaló a la Magia.

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