El riesgo de una segunda riada amenaza Nepal y Tíbet tras una catástrofe que deja ya al menos 584 muertos
La emergencia en el Himalaya ha entrado este viernes en una fase especialmente delicada, en la que China y Nepal afrontan una auténtica carrera contra el agua.
El gigantesco desprendimiento que el miércoles desencadenó una violentísima riada en esos valles dejó a su paso toneladas de barro y sedimentos que quedaron encajados en varios cauces a ambos lados de la frontera.
Esos tapones naturales han formado un gran lago de barrera cuya evolución mantienen bajo estrecha vigilancia Pekín y Katmandú.
Los medios estatales chinos habían confirmado a primera hora de la tarde que el embalse está lleno y ha comenzado a desbordarse, pero poco después comunicaron que el agua dejó de rebasar la barrera.
No obstante, el peligro vuelve a estar río arriba: las lluvias previstas para las próximas horas y días elevan la presión sobre el dique natural y amenazan con provocar nuevas inundaciones en unas zonas que ya quedaron devastadas hace dos días en una catástrofe que se ha cobrado al menos 584 vidas (579 en Nepal y cinco en Tíbet) y ha dejado casi 2.500 desaparecidos, 1.924 en Nepal y 558 en Tíbet.
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