Maribel Verdú, una musa del entusiasmo
La Verdú tiene el nombre archiespañol, Maribel , un nombre de chavala que viene de comprar el pan, y tiene una belleza barrial y de morenía, con algo de vecina total que leyera poemas, pero no lo cuenta.
Naturalmente, nuestra vida pasa por la vida cinematográfica de Maribel Verdú.
No sé yo, con rigor, cuándo empecé a verla, porque Maribel estaba ya allí, como estaban los videoclubes dominicales, los besos inaugurales, o la peseta.
Vengo a decir que Maribel mola, y que ya tenemos unas décadas, nosotros y ella.
Empezó de muchacha quinceañera, mes arriba, mes abajo, con un melenón suelto, de radical negrura, y luego se nos fue haciendo joven adulta delante de la cámara, que es un exótico modo de ir reuniendo cumpleaños.
Yo recuerdo que allá por los ochenta publicó 'Interviú' una foto de una Maribel estival, casi adolescente, con un descuido de combinación que transparentaba un pubis oscuro.
De aquello escribió hasta Juan Marsé.
Desde aquello, no ha parado, hasta hoy.
Hubo temporadas en las que no fallaba en ninguna película española.
Uno entraba en un cine y allí estaba ella, sosteniendo el calambre emocional y el tirón erótico, aunque el papel igual era malo, o regular.
Eran temporadas en las que las musas de nuestro cine se llamaban Emma Suárez, Aitana Sánchez-Gijón, Ariadna Gil.
Cada una sostuvo un misterio, pero Maribel nos traía la calle .
No tuvo nunca la belleza sofisticada de las musas de vitrina, pero ha sido siempre una guapa que podía hacerte inolvidable un lunes, si te cruzabas con ella en el ascensor.
Las divas del cine se cuidan imposibles, a menudo, pero en Maribel se acredita el peligroso atractivo de parecer posible.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.