Caridad de larga distancia
Desde el seguro blindaje que te proporcionan los escoltas, el coche oficial y el despacho de moqueta azul, ese atrezo pinturero que te aleja de la normalidad y termina, en ocasiones, trastornando la sesera, las recomendaciones que le lanzas al personal adquieren un halo entre la irrealidad y la estulticia.
Desde la cumbre, en fin, vender paz, amor, besos y abrazos a los que moran en unas calles que huelen a polvorín, suena a broma de mal gusto.
Pero andamos incrustados en una vieja tradición vitaminada por nuestra progrez: la de aliviar los remordimientos bajo el amparo de la caridad de larga distancia.
Actuar de manera caritativa camuflado en la lejanía supone un invento maravilloso que te permite militar en la comunidad solidaria de las personas de esponjonso corazón.
Por una limosna apadrinas una criatura allá en ultramar o la selva africana.
Semejante alarde, parece ser, ofrece sueño reparador sin necesidad de pastilla opiácea.
Y encima no te manchas las manos ni pisas el barro de la chabola.
Aconsejan con tono frailuno los jefes que no se recurra a la violencia.
Pues claro que no, todos rechazamos el arrebato de bronca y garrote.
Pero a miles de quilómetros, proyectar ese saleroso mensaje preñado de buenismo, derrama cierto cinismo, cierta hipocresía.
Cuando en tu ciudad soportas un ambiente distorsionado por el aquelarre de los que llegaron por las bravas, de los que te quiebran la rutina de cada jornada, de los que no tienen más remedio que buscarse la vida porque se sienten orillados y el paraíso que creían encontrar no existe porque aquí no atan los perros con longanizas, quizá los discursos jipis no sosiegan tu enfado.
Si tus hijos no deambulan libres, si los comercios naufragan sumidos en la congoja de la incertidumbre, lo normal es que, ante la pasividad del gobierno, estallen los fuegos de la autodefensa como única salida.
Aquí todos somos pacifistas a lo John Lennon hasta que nos tocan los pelendengues una y otra vez, que entonces se lía parda.
Si el desastre de pura anormalidad continúa, igual nos piden que apadrinemos a nuestro hermanos ceutíes.
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