Sánchez se entrevista solo y todo bien, normal
Pedro Sánchez ha considerado que ya era hora de ofrecer unas declaraciones.
Tras una única visita a Ceuta tras la vulneración masiva de su frontera (apenas hora y media), dos reuniones telemáticas desde La Mareta (con la misma camisa rosa, que debe ser la de las crisis) y un mes de vacaciones (aunque haya quien «crea que no tiene derecho a tener vacaciones y ni siquiera a ser presidente del Gobierno», que él ha «trabajado y descansado, es mi derecho»).
Con la calma.
Al mismo ritmo con el que decreta un mando único para una situación excepcional de seguridad nacional, a ese ritmo pausado, da las explicaciones debidas.
Y lo hace en terreno seguro, claro: en la Ser y para abrir el curso radiofónico e inaugurar el relevo tomado por Aimar Bretos a los mandos del programa de la mañana.
A la alocución autoexculpatoria lo han llamado entrevista y esta se ha deslizado de la manera prevista: con la defensa cerrada de Marruecos como consigna central.
Quizá con lo que no contaban, ni él ni sus asesores, es con que no iba a funcionar en esta ocasión la disociación entre lo que se nos cuenta y lo que ocurre, entre el ilusorio mundo de algodón de azúcar por el que discurre su ejercicio del poder y la realidad.
Sánchez insiste en tratar la crisis en Ceuta como una más, dentro de la normalidad de un territorio acostumbrado a la entrada de ilegales («Si uno mira el agregado de entradas irregulares en Ceuta y Melilla, son bastante estables respecto a épocas anteriores»), cuando esta no es una crisis siquiera comparable a las ocurridas hasta ahora: en apenas 24 horas entraron aproximadamente el mismo número de inmigrantes ilegales que habitantes tiene la ciudad autónoma; los que la abandonaron posteriormente lo hicieron por su propia voluntad, y no por una eficaz reacción del Estado, y todavía quedan deambulando por allí un número indeterminado de asaltantes que desbordan los servicios públicos, atemorizan a los ceutís y han provocado disturbios de todo tipo, incluidas decenas de violaciones.
Sánchez está nervioso y con razón .
El relato armado esta vez hace aguas por todas partes y las contradicciones son cada vez más evidentes e insostenibles .
Y eso se evidencia en su discurso.
Un ejemplo: durante un mes, tanto ministros como cheerleaders mediáticos han estado trabajando la idea de la crisis humanitaria frente a la invasión, para rebajar la gravedad de la situación y, de paso, apelar a los derechos humanos para desacreditar reacciones en contra.
Sánchez, en esta entrevista y hasta en tres ocasiones, recalcaba que la gran mayoría de los que entraron «lo hicieron por razones económicas y no humanitarias».
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