Kevin Vázquez: «En Islandia un kilo de pollo está a 30 euros»
Cuando uno piensa en Islandia, se le vienen a la cabeza géiseres, auroras boreales, glaciares o playas de arena negra.
Pero, en el caso de Kevin Vázquez, lo primero que le llevó allí fue el fútbol, aunque bien sabía que también cogía la maleta a un destino que iba mucho más allá de eso.
A sus 33 años, y después de una larga trayectoria en el Celta, en la que llegó a ser capitán, y una última y corta etapa en el Sporting, en la que incluso también portó el brazalete, el lateral gallego decidió abandonar España para alejarse de la presión que le había acompañado durante buena parte de su carrera.
Y se marchó al Thor islandés, donde ha descubierto otra manera de entender el fútbol, una vida más sencilla y un entorno que le ha permitido recuperar el gusto por las pequeñas cosas.«Quería salir del foco de España, de ese ruido mental que hay siempre con el fútbol y de esa excesiva presión en demasiadas ocasiones», explica el gallego a ABC.
En Vigo había sido uno de los suyos, un jugador de la casa, con la responsabilidad añadida que eso supone. «No solo es la gente que te mete presión, sino que eres tú mismo», admite.
Por eso necesitaba tomar distancia de un mundo en el que se había implicado emocionalmente hasta el extremo.Islandia le ofreció la posibilidad de vivir una experiencia diferente junto a su mujer, Ivette, licenciada en Biología Marina.
Ambos querían conocer el país y consideraron que podía ser una buena oportunidad para empezar una aventura diferente.
La calidad de vida y las condiciones del contrato terminaron de convencerlos: «Nos encajaba bastante la aventura».
Una aventura que comenzó en agosto y que llega a su final el próximo fin de semana, con el equipo en plena pelea por la permanencia a falta de la última jornada, a la que llega con un punto de ventaja sobre la zona que marca el descenso: «Firmé cuatro meses más una temporada más, pero para seguir tenemos que mantenernos».Una de las cosas que más le ha sorprendido de su nueva vida en Islandia es la relación de los futbolistas locales con la profesión.
En su equipo convive con compañeros que, además de entrenarse y jugar, deben trabajar como pintores, albañiles o cualquier otro oficio.
Juegan en un equipo y una liga profesionales, pero no todos los integrantes de la plantilla lo son.
Una realidad que le ha permitido recuperar una perspectiva distinta del fútbol profesional. «Es algo que me llena bastante.
Volver a la humildad de decir que este juega porque le gusta, no solo porque es un negocio», señala.La diferencia con España también se aprecia en las dimensiones de los clubes, las instalaciones y el ambiente de los estadios.
En Islandia existe pasión por el fútbol, aunque la manera de vivirlo sea menos ruidosa.
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