Kuska, las bolivianas empoderadas que transforman cerámicas y azulejos reciclados en arte
Gina Baldivieso La Paz/Cochabamba, 23 ago (EFE).- Las cerámicas y azulejos desechados se transforman en murales, cuadros y objetos ornamentales con la habilidad de las bolivianas del colectivo Kuska, quienes aprendieron la técnica del mosaiquismo para llevar su arte a espacios públicos y salas de exposición, a la vez de buscar su empoderamiento económico.
Kuska nació hace 13 años como una asociación femenina artesanal, dentro del Laboratorio de Comunidades Creativas (CC Lab) del Proyecto mARTadero, un espacio que promueve el desarrollo artístico y cultural con base en la ciudad de Cochabamba, en el corazón de Bolivia.
El colectivo se gestó inicialmente "con la idea de generar un espacio para las mujeres de Villa Coronilla", el barrio donde está el Proyecto mARTadero, explicó a EFE la coordinadora de Kuska, María René Camacho.
"Este espacio era para que las mujeres puedan asistir a este grupo y aprendan esta nueva técnica de arte que es el mosaiquismo, pero también nuestro objetivo era empoderar económicamente a las mujeres y ayudarlas a superar algunos altibajos en su autoestima", señaló.
En quechua, Kuska significa juntas y es una palabra con la que sus integrantes se identifican porque "desde el momento en que se ha formado este colectivo" siempre trataron "de andar juntas".
"Juntas hemos tratado de superar muchos problemas (...), juntas nos hemos hecho conocer.
Juntas hemos ido a dar clases al interior del país y al exterior", destacó Camacho.
El colectivo comenzó con unas quince mujeres de distintas edades, desde colegialas hasta abuelas, y pese a las diferencias generacionales, fue "fácil coincidir" entre todas para planificar cada intervención.
Las integrantes fueron cambiando y, según Camacho, en el último quinquenio el colectivo ha tenido "un número constante entre 7 a 8 participantes".
Las Kuskas, como también se les llama, trabajan "principalmente reciclando cerámica" en desuso que recolectan en las calles o en construcciones, y a veces también compran azulejos rotos en algunos comercios, para dar "una nueva oportunidad" a ese material desechado.
"Nosotras creemos que aquí dentro del taller, algunas de las mujeres vienen a darse una segunda oportunidad", apuntó Camacho.
En el taller, las mujeres aprenden a cortar los pedazos del material y a emplearlos para formar dibujos, figuras o texturas.
Las teselas se cortan con unas tenazas especiales que les permiten dar formas curvas o rectas a cada trozo, según la figura que prevean hacer.
El colectivo apoya a la recuperación de espacios públicos mediante intervenciones artísticas donde realizan murales con sus mosaicos y también elaboran obras más pequeñas para exposiciones u otras que están a la venta en una tienda que montaron en el mARTadero.
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