Carande, el pueblo de León que se salvó de desaparecer inundado por el embalse de Riaño y ahora recuperará su hórreo histórico
En la montaña oriental de León, a 1.130 metros de altitud, apenas 21 habitantes sostienen la memoria de un pueblo que casi desaparece bajo las aguas .
Carande, perteneciente al municipio de Riaño, se prepara ahora para restaurar de manera integral su antiguo hórreo, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), una construcción agrícola destinada a secar y guardar alimentos y que sobrevivió al mismo embalse que en 1987 sumergió a nueve localidades vecinas.
La Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de León , presidida por el delegado territorial Eduardo Diego, ha autorizado el proyecto que busca corregir daños estructurales graves que afectan tanto a la base como a la cubierta del edificio, uno de los últimos testimonios de la arquitectura rural tradicional de la zona.
La historia de Carande está marcada por la construcción del embalse de Riaño , que en 1987 inundó nueve pueblos de la comarca al confluir las aguas de los ríos Esla y Yuso.
Carande y Horcadas fueron los dos únicos núcleos que lograron conservar su emplazamiento original, una excepción que convirtió a la localidad en testigo directo de uno de los episodios más traumáticos de la región.
El pueblo limita al norte con Riaño, al oeste con Horcadas y al este con Siero de la Reina, y se encuentra a 91 kilómetros de la capital leonesa, dentro de un brazo del propio embalse.
Castilla y León protege desde 1984 todos los hórreos tradicionales con más de cien años de antigüedad, una normativa bajo la cual se enmarca la declaración de BIC que ampara la construcción de Carande.
La protección legal recae exclusivamente sobre el hórreo y no sobre el conjunto urbano del pueblo.
Los detalles del proyecto El proyecto autorizado contempla como primera actuación el reasentamiento de los pegoyos, los soportes de madera sobre los que se eleva la cámara del hórreo y que tradicionalmente protegían el grano almacenado de la humedad y de los animales.
Los trabajos corregirán los problemas detectados en la base de la estructura, que se apoya sobre cuatro pilares bajo una cubierta a dos aguas.
Se sustituirán además las piezas de madera que presentan deterioros estructurales de mayor gravedad, con el objetivo de garantizar la estabilidad del conjunto a largo plazo.
La reparación de la cubierta aprovechará la estructura y las tejas originales que aún se encuentren en condiciones adecuadas, según detalló la Junta de Castilla y León.
Bajo ese tejado se instalará una lámina impermeabilizante destinada a evitar filtraciones futuras, una solución que permitirá conservar buena parte de los materiales históricos sin comprometer la funcionalidad del edificio.
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