Una insólita advertencia empresaria para que el Gobierno ajuste el rumbo
Relajado, el empresario ya estaba en zona de chill out –picando algo en el brunch montado en la carpa de lujo tras el discurso principal– cuando hizo la comparación.
“Milei puede ser Churchill” , dijo con algo de suspenso, mientras sostenía un plato con un mini sandwich que no comió.
Aclaró: “Churchill ganó la guerra, pero perdió las elecciones dos meses después”.
Fue quizás la poderosa imagen que englobó el clima de “festejo” de un Día de la Industria atípico, no sólo por la compleja situación que atraviesa el sector, sino por el intencional faltazo de las principales figuras del Gobierno.
Pese al desplante, los empresarios dijeron que apoyan el rumbo general que propone Javier Milei, aunque aclararon que –para que no corra peligro de terminar como el héroe inglés de la Segunda Guerra Mundial– se precisan correcciones.
Los ajustes requeridos los presentó el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappalini.
Fueron siete: mirar la actividad, no solo la inflación, y reactivar el crédito (habló de una micro que puede matar la macro); trabajar sobre la competitividad y el costo argentino (pidió un pacto fiscal federal para bajar impuestos); frenar la competencia desleal (de China); analizar el costo de la energía; también la morosidad, tras la “extraordinaria” suba de tasas en 2025; alentar la inversión en infraestructura (con la privada no alcanza, se sugirió); y una profundización del trabajo sobre la litigiosidad.
Tras la polémica con Luis Caputo por “los tarados” que usan la situación industrial para criticar el rumbo del Gobierno, Rappalini volvió a pedir “dejar atrás las descalificaciones y los agravios” , reclamó “respeto”.
Para terminar, citó a Alberdi: “La nueva política debe tender a glorificar los triunfos industriales, a ennoblecer el trabajo, a rodear de honor las empresas…”.
Si bien se elogió al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), los industriales azuzaron un eje de flotación libertario, aquel que pone al mercado como gran ordenador.
Dijeron que “no debe ser el Estado quien determine qué sectores tienen futuro en la Argentina y cuáles no”.
Quizás su frase más ruidosa en el escenario montado en la planta del laboratorio Elea en Los Polvorines fue aquella en la que llamó a que el sector privado vuelva a ser “el motor de la economía”.
Quizás porque es la letra de una canción que también tararean tanto Milei como Caputo y porque se mencionó en un evento empresario intencionalmente vaciado por el Gobierno.
Sin figuras del oficialismo Solitario, en la primera fila escuchaba el secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, el único funcionario presente.
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