Tiene cáncer metastásico y decidió luchar por una ley de eutanasia en Argentina: “Quiero poder elegir cómo morir”
Rebeca Fideleff tiene 54 años y hace cinco que vive con un cáncer de colon metastásico.
Continúa con su tratamiento y se prepara para retomar las sesiones de quimioterapia, pero también decidió involucrarse públicamente en un debate que todavía no tiene una respuesta legal en Argentina: la posibilidad de que pacientes con enfermedades incurables puedan solicitar asistencia médica para poner fin a su vida.
En una entrevista con Infobae al Mediodía , Fideleff contó cómo su propia experiencia con la enfermedad la llevó a impulsar una campaña para pedir una ley de eutanasia y muerte voluntaria médicamente asistida.
La petición que lanzó ya superó las 30.000 firmas , mientras que la página de Facebook “Por la eutanasia legal en Argentina” reunió a más de 20.000 seguidores.
Su reclamo, explicó, no responde a una decisión inmediata sobre su propia vida, sino a la necesidad de que exista una alternativa para aquellos pacientes que lleguen a una etapa terminal y quieran acceder a ella.
“ Al entrar en este mundo oncológico y darme cuenta de que tengo un cáncer en estadio 4, que es un cáncer avanzado, y viendo compañeros míos que están en etapas aún más avanzadas y se transforman en pacientes terminales, me impulsó a pedir este derecho ”, explicó.
Fideleff sabe que su enfermedad es incurable y por eso comenzó a pensar también en el futuro: “No sé cuándo, pero me voy a convertir en una paciente terminal y me va a pasar a mí”.
El recuerdo de su familia La decisión de hablar públicamente sobre la eutanasia también está relacionada con una experiencia que atravesó junto a sus hijos.
Fideleff tiene dos, de 24 y 28 años, y ambos fueron testigos de los últimos días de su padre, quien murió después de padecer un cáncer de hígado terminal.
“ Ellos vieron morir a su padre de un cáncer de hígado terminal.
Tuvieron que ver a su padre agonizando 45 días ”, relató.
Esa experiencia es una de las razones por las que le preocupa la posibilidad de atravesar una agonía prolongada y, especialmente, que sus propios hijos deban volver a enfrentarse a una situación similar.
Su posición no significa, sin embargo, que considere que todos los pacientes deban elegir la muerte asistida.
Fideleff reconoce que hay personas que prefieren continuar con sus tratamientos aun cuando el pronóstico sea irreversible, ya sea por sus propias convicciones o por la expectativa de una eventual cura.
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