¿Cómo afrontaría Canarias un aluvión como el de 1826?: La Aemet trabaja en la respuesta
Ana Santana Santa Cruz de Tenerife, 15 oct (EFE).- En la noche del 7 al 8 de noviembre de 1826 se registró uno de los mayores desastres naturales documentados en Canarias, un temporal que causó 298 muertos.
Dos siglos años después, David Suárez, delegado de la Aemet en el archipiélago, se pregunta cómo se afrontaría un episodio similar, con un impacto mucho mayor en unas islas mucho más pobladas.
El intenso temporal que pasaría a los anales de la historia como el "Aluvión de 1826" afectó a Tenerife y Gran Canaria, pero causó una mayor devastación en la primera, donde, además de la cifra de fallecidos, arrasó unas 650 viviendas y provocó la desaparición de la talla original de la Virgen de Candelaria, patrona de la isla.
A días de que se cumpla el bicentenario, el delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) habla en una entrevista a EFE sobre eventos meteorológicos extremos en el archipiélago y sobre "cómo nos preparamos ante una situación que puede ser complicada, cómo nos organizamos y con qué personal se cuenta para hacer frente a este tipo de eventos".
Se trata de ver "cómo trabajamos ahora para trasladar la información no sólo del fenómeno, sino para activar una alerta temprana para minimizar los impactos porque el primer objetivo es que no haya víctimas", reflexiona el meteorólogo.
El Aluvión de 1826 ocurrió en una época preinstrumental, anterior incluso a la fundación del Servicio Meteorológico Nacional en 1877, por lo que no hay datos científicos del episodio salvo los correspondientes a algún barómetro, sin sistema de monitoreo como tal.
Las crónicas de la época y estudios posteriores señalan que se registró una caída de presión y que se pudo tratar de un sistema de origen tropical, con datos indirectos como la huella geomorfológica y sedimentaria de las escorrentías, y algún observador de la época con experiencia previa en el Caribe aludió a una rápida caída de los barómetros; esto es, una ciclogénesis.
Es una hipótesis plausible, puesto que la temporada de ciclones tropicales en el Atlántico abarca desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre y tiene el pico de máxima actividad entre la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre, explica Suárez.
Ejemplos recientes de que si las condiciones tropicales son propicias se pueden desviar y llegar a Canarias son el Delta, en noviembre de 2005, y Hermine en septiembre de 2022.
No obstante, puntualiza el delegado territorial de la Aemet, es imposible saber con certeza si el Aluvión de 1826 fue un ciclón tropical, pero, precisa, lo que parece claro es que se trató de un episodio muy importante para Canarias por el número de víctimas.
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