Biocombustibles, la solución para la descarbonización del transporte en la transición energética
En los sesenta años que transcurrieron desde 1965 hasta 2025, el consumo mundial de petróleo redujo su participación relativa entre todas las fuentes de energía en alrededor del 7%, pasando de un 40% a un 33%, según datos del Energy Institute, para ser sustituido ese consumo por energías renovables, entre las cuales se encuentran los biocombustibles, que representan la mejor solución para el transporte, en cuanto a la reducción de huella de carbono, mejora de la salud pública, y utilización de los motores a combustión y redes logísticas, sin requerir cambios significativos.
De acuerdo con la misma fuente, en 2025 la producción total de biocombustibles en el mundo fue de alrededor de 2,3 millones de barriles por día.
El concepto de biocombustibles al que nos referimos, responde a que los mismos se producen a partir de sustancias biológicas —materias primas agrícolas y agroindustriales, desechos forestales, etc.—, que a diferencia del petróleo no se fosilizaron a lo largo de millones de años.
La sustitución del petróleo se está produciendo muy lentamente y lo más probable es que termine su era, sin que se acabe, como ocurrió con el carbón.
Pero por las exigencias que existen en materia de huella de carbono y salud pública, es indispensable diversificar las fuentes energéticas, para hacerlas más renovables en términos relativos.
Para Latinoamérica, la motorización eléctrica es un objetivo que demorará muchos años en convertirse en una alternativa sostenible y masiva, porque debe superar importantes restricciones vinculadas a la lentitud de renovación del parque automotor que se registra en dicha región, al necesario cambio total de las redes logísticas y al enorme aumento requerido en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica para atender la nueva demanda -que para que sea sostenible, debe provenir de fuentes renovables-.
Este cambio disruptivo, generará al mismo tiempo, enormes emisiones de gases de efecto invernadero.
El desarrollo de los biocombustibles tiene un impacto marginal pero creciente en la seguridad energética mundial; procura no solo reducir la huella de carbono causante del calentamiento atmosférico global, sino también sustituir paulatinamente el uso de combustibles cancerígenos de grado I, como es el caso del biodiesel, que complementa al gasoil o diésel oil —producto que en 2012 fue declarado por la OMS, como responsable de generar un aumento exponencial en el riesgo de contraer cáncer de vejiga y pulmón, por parte de los seres humanos que se expongan de manera recurrente a los gases de escape con dicho combustible— y el caso del bioetanol, que otorga a las naftas, un alto nivel de octanos, además de reducir su huella de carbono, como también del combustible sostenible de aviación o SAF, el biogás-biometano, etc.
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