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Vivir hacinados con desconocidos y bajo riesgo de abusos: el drama de habitar en refugios luego de perderlo todo por los terremotos

El Pitazo ·

Dos meses después de los terremotos que destruyeron miles de hogares en Caracas y La Guaira, las familias refugiadas lamentan el cambio drástico en sus vidas.

La escasez de agua, la convivencia de hasta 20 personas por salón, la prohibición de recibir ayuda humanitaria independiente y la indignación por los oportunistas que intentan conseguir una vivienda en medio de la tragedia es lo que marca la cotidianidad Por: Kemberlyn Talero y Glorimar Fernández Hace dos meses la vida de Yuraima*, al igual que la de miles de familias, dio un giro “del cielo a la tierra”.

Pasó de estar cómoda en su apartamento en el urbanismo Hugo Chávez Frías, en Playa Grande, a tener un destino incierto y una rutina a la que todavía se está adaptando.

Con tono de resignación, esta madre describe las dificultades que enfrenta diariamente en el refugio 10 de Marzo, ubicado en Catia La Mar, La Guaira.

Ahí se encuentra desde hace mes y medio, después de los dos terremotos que ocurrieron en Venezuela, el 24 de junio y que causaron la muerte de 6.438 personas, según la última cifra dada por la administración de Delcy Rodríguez.

Los 15 días siguientes a esta tragedia pernoctó junto a su familia en las calles de La Guaira, justo frente a los escombros de lo que era su casa, expuestos a las lluvias constantes bajo un toldo improvisado.

Su madre, de la tercera edad, había quedado tapiada en su edificio durante el doblete sísmico y presentaba fracturas.

La necesidad de un espacio más seguro para sus hijas, de 7 y de 10 años, y para su madre, la llevó a buscar refugio en uno de los más de 87 campamentos transitorios que se instalaron en la región central del país para atender a los damnificados.

Si bien los sobrevivientes de la catástrofe aseguran que reciben comida diaria, atención médica y productos de higiene personal, describen como violento el vuelco en sus rutinas diarias.

Los nuevos retos cotidianos ponen a prueba su resistencia: desde convivir en espacios pequeños con desconocidos y compartir dos baños entre más de 400 personas, hasta soportar restricciones a la ayuda humanitaria independiente, e incluso intentos de abusos en algunos sitios.

Y en este escenario, no sobra la indignación que genera la presencia de personas “oportunistas” que se filtran en los campamentos para obtener viviendas a través de programas sociales.

Sin privacidad ni seguridad básica, cientos de familias damnificadas conviven en espacios compartidos dentro de los refugios provisionales de La Guaira tras los terremotos del 24 de junio | Foto: EFE Sin privacidad En La Guaira, el refugio 10 de Marzo funciona dentro de un colegio donde las familias se acomodan por aulas de clase.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpitazo.net — el contenido pertenece a El Pitazo.

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