Reseña | Metal Gear Solid: Master Collection Vol. 2
En 2026, Hideo Kojima es toda una celebridad: un desarrollador de videojuegos con estatus de rockstar cuyo rostro conocen incluso quienes jamás han probado un videojuego.
Además, sus constantes recomendaciones de cine, televisión y música en redes sociales lo han convertido en un influencer y en una de las figuras más importantes de la industria.
Sin embargo, alcanzó ese lugar únicamente porque su obra cumbre, Metal Gear Solid, lo posicionó en la cima desde el principio.
Metal Gear es una de las franquicias más trascendentales del medio.
Aunque la saga concluyó oficialmente y Kojima ya no trabaja en Konami, varios de sus títulos siguen resultando inaccesibles para gran parte del público.
Por ello, con la intención de preservar su legado —y de paso seguir rentabilizando el mito—, Konami asumió la tarea de lanzar The Master Collection.
Su segundo volumen incluye tres entregas: Metal Gear Solid: Peace Walker, Metal Gear Solid: Ghost Babel y, por supuesto, Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots.
La tarea de traer estos juegos clásicos a las nuevas consolas y PC requiere un trabajo de porteo considerable, sobre todo en lo que a Guns of the Patriots se refiere, pues es una entrega que por más de 20 años ha estado atrapada dentro de la PlayStation 3 de Sony, y hasta ahora, había sido la única manera de poder jugar el juego.
Comencemos con Guns of the Patriots Guns of the Patriots es la culminación cronológica de la saga, un juego bombástico, enorme, y exagerado hasta cierto punto, en donde Kojima pensó cómo cerrar cada uno de los cabos sueltos que había quedado dentro de la narrativa de Metal Gear y, por lo tanto, un juego lleno de excesos, que impresiona incluso tantos años después por su apartado técnico y visual.
Hay juegos actuales que se ven peor que lo que Kojima Productions creó hace casi 20 años.
Ahora que podemos disfrutar el título en resolución 4K y a unos fluidos 60 fps, esta es, sin duda, la manera definitiva de jugarlo.
El rendimiento representa la mayor ventaja, pues en PS3 la consola a veces no aguantaba la exigencia visual y las caídas de fotogramas arruinaban la experiencia.
Ahora no: el juego mantiene los 60 fps en todo momento, incluso en las escenas con más elementos en pantalla (y ya sabemos cuáles son).
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