Un acuerdo firmado con nadie. La Odisea de Trump
Odiseo —le dijo el cíclope con desprecio—, mi nombre es Polifemo.
Y a ti, como muestra de hospitalidad, te comeré el último de tus compañeros.» (Odiseo previamente le había dicho: «Mi nombre es Nadie») .
En estos días con el estreno cinematográfico del poema de Homero la Odisea, el tema vuelve a la palestra, sobre todo en medio del quebranto escolar que afecta al mundo y en especial a Venezuela, no es de extrañar que muchas personas solo tengan como referencia este film, con una interpretación libre de la obra, “todo ello confirma, el fracaso de la escuela” (Herrera, 2009).
Sin embargo, el tema de este artículo no es definir sí el film de la Odisea es bueno o malo, solo referirme a que el estreno del mismo ha suscitado una reivindicación del tema de los poemas homéricos y en especial de la Odisea, el protagonista de este poema es el hábil rey de la Isla de Ítaca, quien se involucra en la guerra de Troya a despecho de su deseo, pero movido por la necesidad colectiva de rescatar a Helena de Esparta, raptada por los troyanos.
Hoy muchos estudiosos de la semiología mitológica, llegan al acuerdo de que Helena no era una persona sino un botín, un tesoro de oro que los troyanos arteramente tomaron de Esparta y lo llevaron hasta Asia, hasta la amurallada ciudad de Troya o Ilión, eso desencadenó una larga guerra de diez años, la toma de la ciudad, bajo el ardid del caballo de Troya ideado por Odiseo y el reparto del tesoro devenido Helena de Troya, ahora de Esparta.
Todos los guerreros griegos los temibles Aqueos, que representaban a los pueblos del mar, volvieron a sus reinos Menelao a Esparta, Agamenón a Micenas en donde encontró la muerte a manos de su esposa y de su primo, pero Odiseo, por no reconocer la grandeza de los dioses fue condenado al exilio de su patria.
Odiseo, no solo abjuró de los dioses sino en especial de Poseidón, quien lo ayudó enviando unas serpientes marinas, para que aniquilaran a Laertes y a sus hijos, quienes eran sacerdotes de Apolo y advertían a los troyanos sobre el ardid del caballo de madera, esa ayuda de la divinidad del mar lo condeno a la navegación errante, el hecho que agravó el odio de Poseidón “ El que bate las aguas” como se refiere a él Homero (Homero, 2020), lo constituyó la llegada del bajel de Odiseo a las costas de una Isla, la entrada a una caverna en donde abundaban las ovejas, la leche y el queso, después de saciar el hambre, se dieron cuenta de que la cueva estaba habitada por Polifemo, un violento Ciclope, quien tildó de ladrones a los navegantes.
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