Humor y reflexión desde las canchas
En una ocasión, en el Domo Olímpico de San Juan de Los Morros, estado Guárico, en un campeonato Nacional Infantil A masculino, mientras el cuerpo arbitral se encontraba reunido en la Mesa de Control atendiendo una solicitud de tiempo, desde el público se acercó un joven, curioso y algo impaciente, y lanzó una pregunta que rompió momentáneamente la concentración: -Mira, mira, mira, ¿cuánto tiempo llevas ahí? La interrogante, evidentemente, hacía referencia al tiempo de juego.
Sin embargo, una persona, que se encontraba en el lugar, pero no formaba parte del cuerpo arbitral, entendió el momento como una invitación al humor.
Miró a ambos lados, y respondió con absoluta naturalidad: -Bueno… aquííí yo llevo como tres horas en este mismo sitio.
La carcajada fue general, los presentes entendieron que, en medio de la seriedad del partido, siempre hay espacio para una salida ingeniosa que aliviane el ambiente, porque en el fútbol de salón, además de goles y sanciones, también se juegan instantes de humanidad que quedan en la memoria colectiva.
El futsal no se explica únicamente desde el reglamento, el cronómetro o el resultado final, en el mismo hay una dimensión menos visible, profundamente arraigada en su cultura, el humor como válvula de escape, como puente entre la tensión competitiva y la condición humana de quienes rodean el juego.
En cada cancha, junto al silbato y la Mesa de Control, también se construyen relatos espontáneos que terminan formando parte de la memoria colectiva, son esos momentos los que recuerdan que el deporte no es solo rigor, sino también convivencia.
El humor aparece sin guion, sin premeditación, pero con una precisión casi quirúrgica.
Allí, en lo cotidiano, el fútbol de salón se vuelve cercano y auténtico.
La escena de quien respondió, ajeno al cuerpo arbitral pero inmerso en el ambiente del partido, ilustra con claridad esta realidad, donde una pregunta inocente del público cargada de ansiedad por el tiempo de juego, se transforma en una respuesta ingeniosa que desarma la tensión del momento.
“Aquí yo llevo como tres horas”, dijo, y bastó esa frase para que la rigidez del descanso se diluyera en risas.
No fue burla ni irrespeto, fue inteligencia emocional aplicada al deporte, porque entender el momento y responder con humor también es una forma de leer el juego, y en ese gesto, todos se sintieron parte de lo mismo.
Este tipo de episodios revela que el fútbol de salón no solo se juega con los pies o se dirige con el silbato, sino también con la palabra y la actitud, por lo que el humor, bien entendido, actúa como un elemento cohesionador entre árbitros, jugadores y público.
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