La Guaira todavía tiene montañas de escombros: ¿qué se está haciendo con ellos?
En La Guaira, las montañas de escombros siguen formando parte de la cotidianidad.
Más de tres meses después del doble sismo que estremeció a Venezuela, todavía hay edificaciones por demoler y zonas donde la limpieza parece lejos de terminar.
Mientras tanto, el destino de los restos que ya fueron retirados plantea una interrogante: ¿qué se está haciendo con ellos? El 21 de agosto, el ministro de Ecosocialismo, Nelson Rodríguez, aseguró que los escombros no se convertirían en un «pasivo ambiental», sino que serían procesados para transformarlos en materiales destinados a la reconstrucción del estado mediante el plan Venezuela Renace.
La operación «ambiental y logística», según informó, seguiría las instrucciones de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y estaría coordinada en terreno por la vicepresidencia de Obras Públicas y Servicios.
La meta anunciada fue culminar las labores en un año y reducir hasta 80% el volumen de los materiales mediante trituración.
Para entonces, el funcionario reportó que se habían trasladado más de 500.000 toneladas y triturado más de 40.000.
También informó sobre la habilitación de 14 Centros de Disposición Temporal (CDT), tres de ellos destinados al tratamiento de concreto, acero, plástico y madera.
La dimensión del desafío es considerable.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el desastre generó 1,2 millones de toneladas de escombros.
Unas 915.000 toneladas corresponden a edificaciones dañadas y 332.000 a artículos domésticos y pertenencias personales.
Catia La Mar, Caraballeda y Urimare concentran los mayores volúmenes.
La información oficial da cuenta de cuánto material se ha trasladado, pero deja preguntas sobre dónde se encuentran los centros de disposición y qué ocurre allí.
Edgar Mujica, director de la maestría en Ingeniería Ambiental de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), advierte que no es posible evaluar técnicamente el proceso sin conocer las condiciones de esos lugares. «Ni siquiera sé dónde están los 14 centros de acopio donde ellos están operando», señala.
Para determinar si son adecuados, explica, habría que conocer las características del terreno, la cercanía de cuerpos de agua, las condiciones de escorrentía y la presencia de comunidades y fauna en los alrededores.
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