Libertad de expresión, por Fernando Rodríguez
Correo: fernandor60@hotmail.com A Patricia Molina.
Como todas las tiranías la nuestra llevó el cercenamiento de la libertad de expresión hasta su límite, la asfixia y casi el deceso.
Ahora que tenemos una especie de extraña dictadura bicéfala, un Mandón y una mandada, la cosa se ha abierto un tanto, un tantillo.
Pero el asunto no es que se siga abriendo en el mismo sentido, otro poco, y otro, porque el camino por donde va es errado por naturaleza.
Una vez, hace tanto, a Antonio Pasquali y a mí, nos invitó Víctor Hugo de Paola, senador, a que opináramos en una fracción encargada de evaluar un fragmento del proyecto de Constitución, elaborado por un equipo dirigido por Rafael Caldera, y que precedía a su eventual aprobación.
Se trataba de ver la parte referida a los medios masivos, en lugar preferente los audiovisuales.
Se comenzó leyendo la definición misma de la libertad de expresión, sacrosanta libertad.
Era algo así como el derecho de los venezolanos a expresar libremente su pensamiento, salvo algunos evidentes y razonables límites.
Antonio pidió la palabra y dijo que era una estupenda definición… propia del siglo XVIII.
Y que lo único que garantizaba era que uno podía tomarse unas cervezas y pararse en una esquina caraqueña a declamar sus opiniones políticas.
Y que la única forma decente de llevarla al presente era legislar sobre los grandes medios que hoy la procesan y que monopolizan poderosos capitales.
El asunto prendió de manera increíble ya que los medios, sobre todo la TV, sobre todo RCTV, habían hecho recientemente una demoledora campaña antipolítica, tratando de demostrar que todo político era corrupto por naturaleza y todo empresario puro y diáfano como una rosa.
Total que nos pidieron, a nosotros asomados, una nueva redacción del articulado «para mañana».
Nos pareció increíble pero no había otra opción que hacerlo y lo hicimos.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en talcualdigital.com — el contenido pertenece a TalCual.