Cuzco: la huella viva del encuentro de dos mundos
No hace mucho celebramos el 12 de octubre, una efeméride que en los últimos tiempos ha recibido diversas denominaciones.
Sin embargo, en una oportunidad, al recorrer las calles de la ciudad de Cuzco, en Perú, la atmósfera tan particular que allí se respira me hizo pensar que, entre todos los nombres propuestos, «Día del Encuentro de Dos Mundos» era el más acertado.
Cuzco es, quizás, uno de los ejemplos más palpables e intensos de aquel histórico y complejo cruce entre Europa y América.
Era mi tercer viaje a Perú, siempre por motivos de trabajo.
Por aquel entonces laboraba para una transnacional belga con filiales en varios países latinoamericanos.
Periódicamente celebrábamos seminarios comerciales entre las distintas sedes, y en esa ocasión la filial de Lima fue nuestra anfitriona.
Al culminar la reunión, decidí tomarme unos días libres para conocer Cuzco, la antigua capital del Imperio inca.
No me fue difícil convencer a algunos colegas para que me acompañaran.
A la mañana siguiente salí hacia el aeropuerto en compañía de José, Ninoska y Elizabeth, esta última una simpática bogotana a quien cariñosamente apodamos «Miss Colombia».
Llegamos a Cuzco en una mañana soleada.
Las calles del centro histórico estaban cerradas al tránsito vehicular, por lo que el taxi no pudo avanzar y tuvimos que continuar a pie hasta el hotel.
La razón de tal despliegue era una magna festividad religiosa en la Plaza Mayor: un marco festivo de misas, cantos y fuegos artificiales.
Llamó mi atención la presencia de numerosos indígenas vestidos con indumentaria incaica, participando activamente en la procesión católica.
Aquel contraste inicial cobró pleno sentido por la tarde, al recorrer las majestuosas edificaciones coloniales.
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