El regreso de las tasas largas
El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años se ubica hoy en 5.2%.
A principios de 2026 estaba en 4.1% y en 2022 rondaba apenas 1.5%.
Es un movimiento considerable en poco tiempo que está teniendo implicaciones importantes en los mercados financieros internacionales.
Varios factores explican el aumento.
El primero es la preocupación por la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos: un déficit persistente coloca a la deuda pública en una trayectoria preocupante y los inversionistas exigen más rendimiento para cargar con ese riesgo.
El segundo es la duda sobre la independencia de la Reserva Federal.
Las presiones de la Casa Blanca contra su ex presidente y todavía miembro de la Junta, Jerome Powell y contra uno de sus miembros, Lisa Cook, han llevado al mercado a preguntarse hasta qué punto la Fed podrá actuar sin presiones políticas.
A esto se suman declaraciones recientes del presidente Trump, quien sugirió que la inflación podría ser una forma de aliviar la deuda pública.
Cuando el mercado escucha eso, pide una prima mayor para prestar a largo plazo.
El tercer factor es la inflación.
La política arancelaria y ahora los aumentos en el precio del petróleo como consecuencia de la guerra en Irán alimentan el alza de los precios.
El resultado es que el mercado anticipa más subidas de tasas por parte de la Fed, y esa expectativa se refleja en las tasas de largo plazo.
El bono del Tesoro es la referencia del activo libre de riesgo mundial, así que lo que ocurre en Estados Unidos afecta al sistema financiero global.
El fenómeno tampoco es exclusivo de Estados Unidos.
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