¿Por qué es tan difícil combatir el cobro de piso?
El secuestro y el robo de vehículo son industrias criminales de alta especialidad.
Las bandas que se dedican a estos negocios perfeccionan, a lo largo de los años, su manera de operar.
Para prosperar necesitan un repertorio de habilidades y contactos.
Los robacoches, por ejemplo, deben tener la destreza para interceptar y encañonar al conductor en el momento preciso, y el temple para conducir el vehículo robado hasta un predio donde puedan ocultarlo.
Además, y esto es lo más importante, estas bandas suelen operar con base en relaciones estables de cercanía y confianza entre socios.
Por eso mantienen generalmente una dimensión relativamente reducida, y por eso el robo de automóviles sólo ocasionalmente, y en algunas pocas regiones, constituye una línea de negocio de un cártel mayor.
Cuando las autoridades desarticulan una banda de secuestradores o de robacoches, el impacto sobre la incidencia es directo.
Así, a golpe de operativos y detenciones, ha sido posible contener estos delitos.
De acuerdo con la encuesta de victimización del INEGI (Envipe), en 2025 hubo 392 robos de vehículo por cada 100 mil habitantes.
Es, por mucho, la cifra más baja en los 16 años que lleva levantándose la encuesta (el registro más alto es de 2012, con 790 unidades robadas por cada 100 mil habitantes).
Con la extorsión ocurre algo muy distinto.
Cada mes, a veces cada semana, nos enteramos de la detención del líder de algún grupo dedicado al cobro de cuotas.
Los casos más sonados son los de alcaldes que operaban redes de extorsión desde el palacio municipal, como ocurría en Tequila y en Juchitán.
También destacan los de mafiosos involucrados en algún homicidio de alto perfil, como El Botox, señalado como autor intelectual del asesinato del líder limonero Bernardo Bravo.
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