NosotrAs: Ser madre en duelo
Gestar deja huella.
Parir deja huella.
Y despedir a un hijo también.
A lo largo del tiempo que he dedicado a escuchar a madres que han vivido la muerte de un hijo durante el embarazo, al nacer o poco después, hay algo que puedo asegurar: el amor es inmarcesible.
No he conocido maternidades que me hablen con tanta claridad de la fortaleza como aquellas que han tenido que aprender a maternar a un hijo que ya no pueden sostener entre sus brazos.
Hubo un embarazo.
Hubo un cuerpo que cambió para recibir otra vida.
Hubo ultrasonidos, nombres, planes, miedos, conversaciones y un futuro imaginado mucho antes del nacimiento.
Y un día, todo eso se encuentra con la muerte.
Entonces ocurre algo profundamente doloroso: mientras el cuerpo de la madre todavía habla de haber creado vida, el mundo comienza a pedirle que deje de hacerlo.
El cuerpo puede seguir sangrando, doler después del parto.
Puede haber una herida de cesárea, contracciones, cambios hormonales e incluso leche en los pechos.
Escuché a una madre decir: “Mi cuerpo lloraba leche”.
El cuerpo no entiende de silencios sociales: acaba de gestar, de parir.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).