Agosto se va, queda el recuerdo: la ciencia de cómo el verano sigue vivo en la memoria
Blanca Alonso recuerda que en 1964 y con 14 años solía fugarse de la casa de su abuela en Zamora montada en su bicicleta para luego detenerse a recoger los frutos de las higueras que rodean algunos tramos del río Duero .
“Era el colmo de la felicidad, el bienestar y del placer.
Fue mi escapada veraniega durante muchos años”, cuenta.
En cambio, Ana Vázquez tiene la vívida imagen de la costa catalana de principios de los 2000 que rodea la ciudad de Vilanova i la Geltrú.
Con seis años, solía caminar por la arena de la mano de sus padres, con un flotador con la cara de Mickey Mouse en la cintura.
Ella siente que esas evocaciones le producen una mezcla de “nostalgia y paz mental”.
Las separan décadas y lugares.
Podría parecer que el verano funciona como un disparador emocional.
No exactamente.
La estación más cálida del año, dicen los especialistas, no actúa como un botón que reproduce recuerdos almacenados .
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