Mandar a callar
Vivimos en un mundo extraño.
Depende del contexto, el bullying nos parece una aberración o una necesidad, insultar abiertamente conlleva consecuencias o es aplaudido y mandar a callar está prohibido, con lo bonito que es el silencio.
La falta de criterio es la verdadera ganadora de la polarización en la que estamos instaurados y ya da igual que se hable de fútbol o de la vida misma.
Y si hay que referirse a la falta de criterio, ahí tenemos al CTA .
Un organismo demonizado por todos, a pesar de la disparidad de sus decisiones.
Lo más parecido a un padre o a una madre, que nunca se equivoca, por muy evidente que sea el error.
La falta de autocrítica es la lacra que consume nuestra sociedad, la cual ha sido torpedeada con mensajes de pseudopsicología de optimismo y reafirmación personal, aunque no sepas ni ponerte un calcetín.
A Cordero Vega , por ejemplo, no le bastó con tener un mal día en Valencia.
También habló en el post para asegurar que los clubes rebotados con las decisiones arbitrales tendrán su buzón de reclamaciones.
Sin embargo, elevar el nivel del arbitraje español no parece estar a la orden del día.
Y no es que en nuestro país tiremos piedras sobre nuestro propio tejado, es que la escasa representación de colegiados españoles en competiciones internacionales de calibre es una obviedad.
No obstante, de poco le sirve al Sevilla regodearse en los Cordero Vega o Iosu Galech (que el CTA lo mantenga en su Hypermotion), porque este fin de semana el escenario es el Bernabéu y, si es por llorar, nadie puede vencer al todopoderoso Mourinho .
El portugués aún tiene pesadillas por Budapest 2023 y, lejos de callarse, no pierde nunca la oportunidad de dejarlo en evidencia.
Con lo bonito que es el silencio.
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