El accidentado estreno de la nueva portavoz de Trump desata dudas sobre su continuidad
Era uno de los momentos más esperados de las últimas semanas en la Casa Blanca.
El martes, a las 09:43 de la mañana, la nueva secretaria de prensa, Katie Zacharia , entró en la sala de prensa y se situó ante el atril.
La esperaba una sala repleta de periodistas, expectantes ante su primera comparecencia y dispuestos a lanzarle preguntas incómodas.
No faltaban asuntos espinosos en la agenda: el escándalo por los presuntos pagos irregulares a la embajadora estadounidense en Grecia , antigua pareja de uno de los hijos del presidente; las encuestas desfavorables para los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato, o una guerra con Irán que seguía enquistada, sin una salida a la vista.Zacharia, de 41 años, encajaba plenamente en la estética de la Administración Trump, en la que la imagen ante las cámaras tiene una importancia colosal .
Vestía una impecable chaqueta oscura de grandes botones dorados, llevaba el cabello rubio suelto, peinado en largas ondas, y un maquillaje marcado.
Sin embargo, desde el primer momento cometió el error de dejar entrever su nerviosismo.
Leyó buena parte de su intervención apoyándose en unas notas que consultaba constantemente, inclinando el cuello para seguir el texto.
Su voz, muy fina, resultaba a ratos casi imperceptible.
En ocasiones se le entrecortaba y dejaba escapar algún suspiro.
Cometió además un par de errores de bulto que, en otras circunstancias, quizá habrían pasado inadvertidos, pero que adquirieron mayor dimensión por la enorme expectación que rodeaba su estreno como portavoz de Donald Trump.—Antes que nada, quiero reconocer el enorme apoyo de mi marido.
Tenemos cuatro hijos, de 12, 10, 8 y 6 años.
Tres son niños, así que tenemos bastante trabajo.
Adoro a mi familia.
Son mi prioridad.
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