Los ceutíes recuperan sus playas, pero no la normalidad
Dos limpiadores de la ciudad autónoma de Ceuta barren la playa del Trampolín.
Son las ocho de la mañana y el calor comienza a hacer mella en el territorio norafricano, a pesar de estar ya entrados en octubre.
Trabajan sin parar, cada uno con una escoba y un recogedor de metal.
Hace un mes, esa imagen, la de dos personas limpiando la playa, hubiese sido impensable.
El 5 de octubre, la Policía Nacional desalojó el campamento de inmigrantes que utilizaban este arenal como hogar temporal.
Las cientos de tiendas de campaña y chabolas desaparecieron.
Días antes, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado habían hecho lo mismo en la playa contigua, la de Benítez.
Ambas están separadas por la desalinizadora de Ceuta.
El domingo pasado le llegó el turno a El Guano.
Con este último desalojo, ya no quedan campamentos organizados de chabolas en las playas levantados por quienes cruzaron la frontera durante la entrada masiva de julio.Eso no significa que hayan desaparecido.
Basta con pasear por la zona, muy cercana al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), para comprobar que muchos han buscado otros lugares donde instalarse.
Algunos acampan a la entrada del centro y reciben visitas de familiares y niños pequeños; otros se refugian cerca del edificio de la desalinizadora y corren por las mañanas antes de que la seguridad les descubra.
Los hay que regresan a los pequeños asentamientos de piedras que aún quedan en la playa o buscan cobijo debajo de las pasarelas de madera y en los montes cercanos.
Las tiendas de campaña siguen apareciendo junto al CETI, algunas del tamaño de una habitación.Mientras tanto, furgones de la Policía Nacional, la Guardia Civil y vehículos militares vigilan la zona.
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