«Ya nos hemos vengado. Ahora que sufra el pueblo»: tres décadas de la atroz matanza de Puerto Hurraco
Pasaban las 22.00h de aquel 26 de agosto de 1990 cuando Antonio y Emilio Izquierdo, que habían salido de casa a «cazar tórtolas» , se presentaron en Puerto Hurraco, pequeña pedanía pacense de no más de 100 habitantes.
Como tantas otras noches, el mayor pasatiempo allí era tomar el fresco.
Las temperaturas apretaban y la mejor receta en los pueblos extremeños era —y sigue siendo— sacar una butaca a la calle y rodearte de vecinos.
Los que, entonces, se congregaban cerca de la casa de la familia Cabanillas jamás podrían haber imaginado que estaban a punto de contemplar uno de los episodios más siniestros de la historia de España.
Aquellos dos hombres, con armas y munición para tumbar un ejército, empezaron a disparar acabando con la vida de dos niñas de 13 y 14 años y otras siete personas.
Por puro odio.
Por pura venganza . «Yo ya he vengado la muerte de mi madre.
Ahora que sufra el pueblo», llegó a afirmar Antonio Izquierdo a uno de los agentes que le detuvo.
La masacre dejó una cifra imborrable en la memoria de los extremeños: 202.
Es el número de cartuchos con el que los hermanos Izquierdo cargaban.
Todo con un único cometido, el de hacer el máximo daño posible a una familia y a un pueblo que odiaban por encima de cualquier otra cosa.
Aquella veraniega noche de agosto apretaron el gatillo —una y otra vez— y fueron interceptados horas después mientras descansaban bajo un árbol en pleno monte.
No se arrepentían.
No tenían remordimientos.
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