María Casado cuenta el "surrealista" cúmulo de casualidades que la llevó de estar en la cola del paro a presentar el Telediario
María Casado, uno de los rostros más reconocibles de la información en nuestro país, se ha sentado en El show de Bertín (Canal Sur) para desgranar los entresijos más desconocidos de sus inicios mediáticos.
Con una sinceridad apabullante, la periodista ha confesado que, aunque siempre hay que estar "trabajando y preparada", su despegue definitivo en la pequeña pantalla dependió de un innegable "punto de fortuna".
De hecho, su aterrizaje en la televisión no fue un sueño perseguido, sino una vía de escape urgente tras sufrir una "experiencia fea" con una jefa durante su etapa en la radio.
Para huir de ese ambiente enrarecido, aceptó sin dudarlo una sustitución temporal de apenas diez semanas en televisión.
Lo que muchos espectadores desconocen es que los primeros pasos de Casado en el medio audiovisual no estuvieron iluminados por los focos de un plató.
"Yo no empecé haciendo cámara, yo empecé de producción, haciendo llamadas", relató la presentadora ante un atónito Bertín Osborne.
Su labor inicial consistía en ser la coordinadora desde la delegación de Barcelona, es decir, la persona encargada de descolgar el teléfono para gestionar la información con la redacción central de Madrid.
Una labor que desempeñaba ajena al protagonismo de la pantalla, guiada por su instinto de restarle gravedad a los baches profesionales porque "nunca pasa nada".
El diluvio y la sorpresa de la redacción Sin embargo, el verdadero giro de guion a su vida profesional llegó dictado por la meteorología y las urgencias del directo.
En una jornada en la que fallaban los redactores de plantilla, un temporal de lluvias torrenciales azotó Girona.
Ante la falta de efectivos, la dirección tomó una decisión de emergencia y la mandó directamente a cubrir las inundaciones.
Lejos de amedrentarse, Casado asumió el reto con una naturalidad pasmosa, lanzándole una única y sincera advertencia al operador de cámara que la acompañaba: "Yo por hablar no te preocupes... dime dónde tengo que mirar".
Su bautismo de fuego fue inmejorable: la mismísima Ana Blanco fue la encargada de darle paso en el Telediario de las tres de la tarde.
Casado resolvió la conexión en riguroso directo y "con el agua que me llegaba por encima de la rodilla".
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